Más de 100.000 menores de edad en Cuba no están recibiendo la leche fluida y en polvo garantizada por la canasta familiar normada, según reconoció una alta funcionaria del gobierno cubano. La escasez de combustible y el rechazo de proveedores internacionales han desmantelado la cadena de acopio y distribución, dejando en estado de vulnerabilidad alimentaria a la población infantil de la isla, incluida toda La Habana.
Dayana Matech Vilá, vicepresidenta primera del Grupo Empresarial de la Industria Agroalimentaria, admitió durante el programa estatal \»Cuadrando la caja\» que la entrega de lácteos no cubre al cien por ciento de los beneficiarios. La directiva atribuyó la crisis a la falta de combustible para recoger la leche en las zonas rurales y trasladarla a los puntos de consumo, una deficiencia que mantiene a más de 100.000 niños sin acceso a un alimento básico que por ley debe entregarse los 365 días del año. La funcionaria detalló que la regla territorial impuesta por el sistema establece que si un municipio no genera su propia leche, los niños de esa localidad no consumen.
Rechazo de proveedores internacionales agrava el desabastecimiento
El déficit no se limita a la leche fluida. La distribución de leche en polvo, de la que dependen exclusivamente todos los niños de la capital, también se ha visto interrumpida. Matech Vilá detalló que, aunque existe financiamiento para adquirir el producto en el extranjero, las navieras no están arribando a la isla debido a que numerosas empresas se niegan a operar con el ejecutivo cubano. Esta situación evidencia el aislamiento comercial y la pérdida de credibilidad financiera del Estado cubano en el mercado internacional.
El desabastecimiento se extiende a otros productos esenciales de la dieta infantil, como la carne de res y el picadillo. Las autoridades de la isla han reconocido que la cadena de suministro está fracturada; en el caso de La Habana, que depende de las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus para el balance nacional de ganado, los menores llevan más de dos meses sin recibir esta proteína. Como medida paliativa, el régimen de La Habana ha propuesto el uso de triciclos eléctricos con paneles solares para el reparto, una solución marginal que los propios funcionarios reconocen como insuficiente para resolver la incapacidad estructural de acopiar y procesar los alimentos en el campo.
Esta confesión oficial ilustra la profundidad de la crisis sistémica que atraviesa el país. La incapacidad del gobierno cubano para garantizar la alimentación básica de su población infantil se da en un contexto de recesión económica prolongada, inflación galopante y un colapso total del sistema energético. El Programa Mundial de Alimentos ha advertido reiteradamente sobre las crecientes dificultades que enfrentan las familias cubanas para acceder a una nutrición adecuada, un fracaso que contrasta con las promesas del programa económico del régimen para 2026, que asegura priorizar la producción nacional de alimentos.
La dejación estatal en materia de seguridad alimentaria infantil tendrá consecuencias irreversibles en el desarrollo físico y cognitivo de una generación ya castigada por la pobreza y el éxodo migratorio. Mientras la dictadura cubana mantiene su maquinaria represiva intacta y destina recursos a fines prioritarios para la supervivencia del poder, la ciudadanía se enfrenta a la desesperación de no poder alimentar a sus hijos, profundizando el deterioro social y agravando el descontento popular en un país cada vez más aislado de la comunidad internacional.