Un vehículo de transporte de crudo perteneciente a TRANSCUPET volcó en la autopista Vía Blanca, a la altura de Puerto Escondido, en Mayabeque, derramando aproximadamente 3.000 litros de petróleo. El conductor resultó herido y fue trasladado a un centro médico, mientras equipos especializados acudieron al lugar para contener el derrame en medio de la profunda crisis energética que atraviesa la isla.
El accidente ocurrió en horas de la tarde, cuando el conductor del camión —identificado con la chapa B 256192 y adscrito a la UEB Transportación Crudo Occidente de TRANSCUPET— perdió el control del vehículo al incorporarse hacia la vía secundaria que conduce al poblado de Puerto Escondido. La rastra transportaba crudo desde los pozos petroleros hacia la batería de almacenamiento de esa localidad, según confirmó la empresa CUPET mediante una nota publicada en sus redes sociales. El chofer sufrió lesiones que no comprometen su vida y fue atendido de inmediato en un centro médico de Santa Cruz del Norte.
Equipos especializados de CUPET y efectivos del Ministerio del Interior (MININT) se desplazaron hasta el lugar para contener el derrame y recuperar parte del combustible. Hasta el momento, las autoridades no han precisado la cantidad exacta de crudo vertido ni el volumen recuperado, lo que mantiene la incertidumbre sobre el impacto ambiental del siniestro en una zona cercana a comunidades habitacionales y ecosistemas costeros.
Infraestructura vial deteriorada y crisis energética: un combo explosivo
Vecinos de la zona señalaron en redes sociales que el tramo donde ocurrió el vuelco es especialmente peligroso debido al mal estado del pavimento y la ausencia de señalización adecuada. En los comentarios a la publicación de CUPET, varios usuarios coincidieron en apuntar a las deplorables condiciones de las carreteras cubanas como factor agravante. \»Entre lo mala que está la carretera y lo lisas que están esas gomas, menos mal que el daño no fue mayor\», escribió un internauta, mientras otro agregó que las causas del accidente radican en \»las malas condiciones de las calles y carreteras de Cuba\».
El siniestro se produce en un momento en que el régimen de La Habana atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia, con apagones prolongados, déficit en la generación eléctrica y un desabastecimiento crónico de combustible que afecta tanto al transporte público como a la actividad industrial. La pérdida de 3.000 litros de crudo, aunque marginal en términos globales, simboliza la fragilidad de una cadena logística mantenida con infraestructura obsoleta, vehículos envejecidos y carreteras deterioradas por décadas de abandono. Las causas del accidente permanecen bajo investigación, aunque el patrón resulta predecible: falta de mantenimiento, parque automotor con más de cuatro décadas de uso y vías en estado de deterioro avanzado.
Este incidente se inscribe además en una tendencia alarmante de mortalidad vial en la isla. Según datos de la Comisión Nacional de Seguridad Vial replicados por medios oficiales, entre enero y agosto de 2025 fallecieron 502 personas en accidentes de tránsito, equivalentes al 80% del total de muertos durante todo 2024. La cifra evidencia un repunte de la siniestralidad que las autoridades cubanas parecen incapaces de revertir, en gran medida porque las causas estructurales —infraestructura colapsada, vehículos anticuados y falta de inversión en seguridad vial— permanecen intactas. Mientras el gobierno cubano prioriza el control represivo y el mantenimiento del aparato estatal, la infraestructura básica que garantiza la seguridad de los ciudadanos continúa deteriorándose, con consecuencias que se miden en vidas perdidas y recursos desperdiciados en una economía ya de por sí estrangulada.