La isla acumula más de 7.000 casos estimados de dengue en lo que va de año, una cifra que multiplica por siete lo esperado, según el Global Dengue Observatory. El silencio informativo del gobierno cubano, que no reporta datos desde junio, contrasta con la propagación de la enfermedad en varias provincias, donde la falta de combustible e insumos médicos ha colapsado la campaña antivectorial y puesto en riesgo la vida de la población, especialmente la infantil.
La plataforma internacional Global Dengue Observatory, que actualizó su base de datos recientemente, revela que Cuba acumula aproximadamente 7.133 casos de dengue en lo que va de año. Esta cifra representa 7,4 veces el volumen esperado para esta época. Sin embargo, el análisis expone una alarmante falta de transparencia: más del 75% de estos casos (5.387) son estimaciones estadísticas, dado que el último mes con notificaciones oficiales por parte de las autoridades sanitarias de la isla fue junio.
Los datos del primer semestre, provenientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), suman 1.746 contagios, una cantidad que casi triplica el promedio histórico de 631 casos para ese periodo. Solo en enero se reportaron 713 casos, cuadruplicando la media habitual como consecuencia de la cola epidemiológica del brote del año anterior. Ante la ausencia de cifras oficiales para julio y agosto, el observatorio ha proyectado 2.173 y 3.214 casos respectivamente, advirtiendo que la temporada es clasificada como «alta» y que el pico de contagios suele alcanzarse en el mes de octubre.
El vacío en la publicación de estadísticas coincide de manera alarmante con el discurso oficial emitido a inicios de año. El 28 de enero, durante una reunión encabezada por Miguel Díaz-Canel, la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, aseguró que el canal endémico del síndrome febril se mantenía en zona de seguridad y que los recursos para la campaña antivectorial estaban garantizados. Esta sería la última gran actualización nacional sobre arbovirosis difundida en medios oficiales, antes de que la propia funcionaria admitiera meses después, en junio, la circulación de los cuatro serotipos del virus en el país, lo que auguraba la posibilidad de brotes localizados y una potencial epidemia.
Crisis de combustible y colapso de la fumigación
El desarrollo del segundo semestre ha evidenciado que la campaña de fumigación está supeditada a la disponibilidad de combustible, un recurso escaso debido a la profunda crisis energética que atraviesa el país. En Sancti Spíritus, donde los casos sospechosos crecieron durante cinco semanas consecutivas, especialmente en Trinidad y la cabecera provincial, el tratamiento adulticida solo se aplica en las manzanas con focos confirmados y según la disponibilidad de plaguicida. La doctora Yurien Negrín Calvo, subdirectora de Higiene y Epidemiología en la provincia, admitió que «algunos niños» han requerido ingreso en Cuidados Intensivos, aunque las autoridades insisten en que no hay transmisión declarada.
Una situación similar se vive en Matanzas, donde el municipio de Unión de Reyes reportó 154 pacientes con síndromes febriles inespecíficos en apenas unos días. El director general de Salud en el territorio, Raidel Sotes Carrera, reconoció que la fumigación con humo no se ha ejecutado con la regularidad necesaria debido a la crisis energética, sumado a las severas limitaciones de recursos humanos en el personal dedicado al control de vectores.
Avance de los serotipos y falta de insumos médicos
Guantánamo presenta el cuadro epidemiológico más extendido de la isla. Municipios como Imías, Baracoa y la cabecera provincial se encuentran en fase de transmisión, mientras que El Salvador, Manuel Tames y San Antonio del Sur permanecen en vigilancia. La epidemióloga Alina López Herrera confirmó la circulación de los serotipos 2, 3 y 4, con más de 30 casos confirmados por PCR. La infestación del mosquito Aedes aegypti ha llegado a todos los municipios, incluidos Maisí y Yateras, que hasta ahora se habían mantenido sin transmisión. En las últimas semanas, han surgido casos graves con signos de alarma, principalmente en niños, aunque el ingreso hospitalario se reserva solo para menores de dos años, embarazadas y personas con comorbilidades.
En Las Tunas circula el serotipo 4, considerado el más crítico desde el punto de vista clínico. La directora del Centro Provincial de Higiene, Yumara Acosta García, describió una «situación mucho más compleja» en municipios como Jesús Menéndez y Jobabo, admitiendo que se trabaja con «poco más de la mitad de la fuerza laboral necesaria». La tragedia de la ineficiencia estatal se materializó en la Isla de la Juventud con la muerte de María Luisa Mendoza, de 27 años, quien falleció por dengue hemorrágico en el hospital Héroes del Baire. Según fuentes cercanas, la paciente llegó deshidratada y el centro no contaba con suero; cuando la familia logró conseguir los insumos en el mercado negro, la joven entró en paro cardíaco y falleció. Las autoridades sanitarias del territorio nunca emitieron un informe oficial sobre el deceso.
El colapso sanitario como expresión de la crisis estructural
El avance imparable del dengue no es más que un síntoma del colapso estructural que sufre Cuba tras décadas de mala gestión por parte del régimen de La Habana. El sistema de salud pública, alguna vez promocionado como un «logro de la revolución», se encuentra en estado de abandono. La falta de mantenimiento de los hospitales, la ausencia de medicamentos básicos, el deterioro del sistema de acueductos y alcantarillado que genera agua estancada, y la deficiente recolección de basura, crean el caldo de cultivo perfecto para la proliferación del mosquito transmisor.
La interrupción de las campañas de fumigación debido a la falta de combustible evidencia cómo la crisis energética impacta directamente en la vida de los cubanos. El gobierno cubano ha priorizado el turismo y la exportación de servicios médicos sobre el bienestar interno, dejando a las comunidades locales sin recursos para combatir epidemias. La dependencia de importaciones que no logran sostenerse, sumada a la inflación y al desabastecimiento crónico, impide que las autoridades de la isla puedan garantizar una respuesta sanitaria efectiva, obligando a la población a enfrentar la enfermedad en un entorno de vulnerabilidad extrema.
Antecedentes de opacidad y manipulación informativa
La ocultación de datos epidemiológicos es una práctica recurrente de la dictadura cubana para evitar el pánico social y mantener una fachada de control. A finales de 2025, el Ministerio de Salud Pública reconoció 33 fallecidos por arbovirosis (12 por dengue y 21 por chikunguña), muchos de ellos menores de edad. Sin embargo, investigaciones independientes del Observatorio Cubano de Conflictos y la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba documentaron al menos 87 muertes solo en los meses de octubre y noviembre de ese año, con nombres, fechas y municipios, demostrando una vez más la enorme brecha entre la realidad que sufren los ciudadanos y las cifras maquilladas del Estado.
Con la llegada del mes de octubre, considerado históricamente como el pico de la temporada de contagios en la isla, el panorama se presenta desolador. La falta de transparencia del ejecutivo cubano impide a la población tomar medidas preventivas adecuadas, mientras la escasez de recursos hipoteca cualquier intento de contener el brote. La comunidad internacional y las organizaciones sanitarias deben exigir al régimen de La Habana la apertura de sus datos epidemiológicos y el cese de la censura en materia de salud pública. Mientras tanto, los cubanos continúan atrapados entre la enfermedad, la ineficiencia estatal y la represión que silencia el grito de auxilio de una nación en crisis.



