Miércoles, 22 de julio de 2026
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El calzado en Cuba: del prestigio industrial de antaño al colapso productivo bajo el régimen

La Habana fue durante décadas uno de los principales centros productores de calzado de cuero del continente, con más de 185 fábricas y marcas que competían con productos importados de Estados Unidos. Hoy, la industria nacional está en ruinas y los cubanos dependen de tenis sintéticos chinos cuyos precios superan ampliamente el salario mensual medio de la isla.

En la Cuba prerrevolucionaria, la industria del calzado constituía uno de los sectores manufactureros más sólidos del país. Solo en 1954, la producción nacional alcanzó los 15 millones de pares de zapatos, suficientes no solo para abastecer el mercado interno, sino también para exportar a otras naciones con estándares de calidad plenamente competitivos a nivel regional. Las peleterías de La Habana y del interior ofrecían un surtido amplio en diversas tallas, colores y materiales, con precios accesibles para las distintas clases sociales.

De aquel entramado industrial destacaron tres marcas emblemáticas: Amadeo, Ingelmo y Bulnes. La primera fue fundada en 1903 por el español Amadeo Villa, quien comenzó con un pequeño taller en Belascoaín y posteriormente expandió sus operaciones hasta crear la Compañía de Calzado La América, segunda del ramo en el país. Su línea de producción más refinada, \»Amadeo de Saboya\», incluía calzado confeccionado con pieles de serpiente, avestruz y cerdo. Por su parte, Ingelmo, fundada en 1918 por Cristóbal Ingelmo García en El Cerro, llegó a ser la mayor fábrica de zapatos de Cuba, con un edificio de tres plantas que ocupaba casi una manzana entera. La marca Bulnes, creada por Benigno Herrera Bulnes, se especializó en calzado de gran resistencia, incluyendo botas militares y mocasines.

El deterioro industrial bajo el modelo estatal centralizado

Tras 1959, el gobierno cubano procedió a la estatización progresiva de la industria manufacturera, incluyendo el sector del calzado. Las antiguas fábricas fueron absorbidas por el aparato estatal y sus cadenas de producción, diseñadas durante décadas bajo criterios de competitividad y demanda del consumidor, fueron reorganizadas según planificaciones burocráticas que ignoraron las dinámicas del mercado y las necesidades reales de la población. El resultado fue la pérdida irreversible de know-how técnico, el cierre de plantas y la desaparición de marcas que habían consolidado su prestigio durante más de medio siglo.

En la actualidad, conseguir un par de zapatos de cuero de calidad en Cuba constituye una excepción. Los pocos zapateros que mantienen el oficio carecen de materiales adecuados y sus terminaciones son frecuentemente deficientes. La inmensa mayoría de la población utiliza calzado sintético importado de China, de baja durabilidad y calidad cuestionable, cuyos precios oscilan entre 8.000 y 15.000 pesos en el mercado informal. Esta cifra representa una fracción considerable —cuando no la totalidad— del salario mensual de un trabajador cubano medio, que ronda los 4.000 pesos según cifras oficiales.

Un síntoma más del colapso estructural

La decadencia de la industria del calzado no es un fenómeno aislado, sino un reflejo del deterioro sistemático de la capacidad productiva de la isla bajo el régimen de La Habana. La destrucción de sectores manufactureros que alguna vez fueron competitivos a nivel continental replica el patrón observado en textiles, alimentos procesados, construcción y otros rubros industriales. La falta de incentivos, el control estatal absoluto sobre los medios de producción y la ausencia de políticas que fomenten la iniciativa privada han convertido a Cuba en un país dependiente de las importaciones para satisfacer necesidades básicas.

Mientras tanto, el exodo migratorio continúa vaciando a la isla de fuerza laboral calificada, incluyendo artesanos y técnicos que podrían contribuir a una eventual reconstrucción del tejido industrial. La comunidad internacional y los organismos de cooperación mantienen su atención sobre la crisis humanitaria cubana, pero las soluciones de fondo requieren inevitablemente un cambio estructural que el ejecutivo cubano se ha negado sistemáticamente a implementar. La historia de lo que fue la industria del calzado en Cuba funciona así como un testimonio elocuente de lo que el país fue capaz de construir —y de lo que el modelo impuesto desde el poder ha destruido.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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