SANTA CLARA, Cuba. — Una creciente ola de robos, asaltos a mano armada y homicidios tiene en vilo a los residentes de Villa Clara, quienes denuncian que la inseguridad ha llegado a niveles insostenibles tanto en las calles como en el interior de las viviendas. Ante la pasividad de las autoridades y la impunidad que impera en la isla, la ciudadanía se encuentra desprotegida frente a un fenómeno delictivo que ha escalado dramáticamente en los últimos meses.
Los testimonios de víctimas y vecinos en redes sociales evidencian un cambio alarmante en los patrones delictivos. Asaltos que antes ocurrían en zonas aisladas y horarios nocturnos ahora se perpetran a plena luz del día y en espacios céntricos. El músico Manny Risquet denunció recientemente el asalto a su pareja a pocas cuadras del centro de Santa Clara, donde dos individuos encapuchados los despojaron de sus pertenencias a punta de cuchillo. Al contactar a la Policía Nacional Revolucionaria, la respuesta se limitó a enviar un vehículo de patrullaje, evidenciando la inoperancia del sistema de seguridad estatal. Casos similares, como el de un hombre golpeado y dejado inconsciente frente a un restaurante en plena tarde, o el asalto a una mujer al mediodía en la Plaza, ilustran la desfachatez de los criminales, conscientes de que las posibilidades de ser castigados son mínimas.
El discurso oficial del gobierno cubano insiste en minimizar la crisis, pero las cifras desmienten esta narrativa. Según el informe más reciente del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), en los últimos seis meses se registraron 1.319 delitos en el país, una cifra que supera a la del año anterior y representa casi cinco veces más que el mismo período de 2023. Esta espiral de violencia no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia directa del deterioro estructural de la nación. La profunda crisis económica, la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y los prolongados apagones han creado un caldo de cultivo donde la desesperación y la supervivencia empujan a sectores cada vez más amplios de la población hacia la marginalidad y la delincuencia, mientras el régimen de La Habana evade su responsabilidad en el colapso del tejido social.
Impunidad y vulnerabilidad en las viviendas
La vulnerabilidad ha traspasado las puertas de los hogares. Durante los frecuentes cortes de electricidad, bandas delictivas aprovechan la oscuridad para forzar cerraduras y rejas con cizallas o seguetas. Un residente de Santa Clara, identificado bajo el anonimato por temor a represalias, relató cómo un conocido delincuente, anteriormente arrestado por robo y liberado a los pocos días, intentó ingresar a su vivienda en medio de un apagón. Esta dinámica de captura y liberación rápida refleja el colapso del sistema penal y la incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar la protección de sus ciudadanos, quienes se ven obligados a vivir en un estado de alerta constante.
La escalada delictiva ha derivado en tragedias fatales que conmocionan a la población. En marzo, un triple homicidio en una vivienda de la Carretera a Sagua, presuntamente originado por un robo que escaló a la violencia extrema, puso de manifiesto la letalidad de los asaltos. Más recientemente, fue hallado el cuerpo del conductor de triciclo eléctrico Dairon Urbay Solan en un cañaveral de Bartolomé, en Remedios. Urbay era el único sustento de dos ancianas, subrayando cómo la violencia no solo arrebata vidas, sino que destruye los frágiles equilibrios económicos de las familias cubanas en medio de la crisis.
Ante esta realidad, la sensación de orfandad institucional se expande por toda la isla. La incapacidad de las autoridades para contener la violencia, sumada a la represión ejercida por la dictadura cubana contra cualquier forma de protesta o demanda social, deja a la ciudadanía en un callejón sin salida. Si el Estado no asume la responsabilidad de revertir el colapso económico y de seguridad, el aumento de la criminalidad continuará alimentando el éxodo migratorio y profundizando el quiebre social, aislando aún más al país de la comunidad internacional y evidenciando el fracaso del modelo impuesto.