Juan Carlos González Marcos, conocido popularmente como \»Pánfilo\», falleció en La Habana tras un prolongado deterioro de salud asociado al alcoholismo. Su paso a la historia se dio en 2009 cuando, en un acto espontáneo, interrumpió una grabación en El Vedado para denunciar la escasez de alimentos en la isla con la frase \»aquí lo que hace falta es jama\», una salida que le costó el acoso y la represión de las autoridades cubanas.
La noticia de su deceso fue confirmada por su hermana, Daysi Ortega, a través de una publicación en su perfil de Facebook. González Marcos no era un activista político ni un líder opositor, sino un ciudadano común que, en un momento de franqueza y visiblemente afectado por el consumo de alcohol, logró articular lo que millones de cubanos sentían pero temían expresar. En aquel episodio, difundido de forma clandestina en una Cuba sin acceso masivo a internet, el hombre detuvo una entrevista de música urbana para exigir que le grabaran y advertir sobre la \»tremenda hambre\» que azotaba al país.
La reacción del Estado no se hizo esperar. Ante la viralización del video y el impacto en la memoria colectiva nacional, la dictadura cubana optó por el silenciamiento y la represión. González Marcos fue procesado bajo el pretexto de \»peligrosidad\», un concepto jurídico amplio y arbitrario utilizado frecuentemente para criminalizar a sectores marginados o disidentes. Como consecuencia, fue condenado a dos años de internamiento en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, una medida que evidenció el tratamiento punitivo que el sistema reserva para quienes alteran el orden impuesto.
El hambre persistente y el agravamiento de la crisis
Tras cumplir su sanción, Pánfilo regresó al anonimato en las calles de El Vedado, donde su figura se mantuvo como un símbolo involuntario de la realidad social cubana. Más de una década después de su célebre declaración, la situación que él denunció ha empeorado drásticamente. El régimen de La Habana ha profundizado el colapso estructural de la economía, llevando a niveles críticos de inflación, desabastecimiento y empobrecimiento generalizado. La comida escasea aún más que en 2009, y las familias cubanas enfrentan diariamente la imposibilidad de acceder a una canasta básica digna.
La muerte de Pánfilo ocurre en un contexto donde el gobierno cubano mantiene intacta su maquinaria de control social y represión contra quienes osan protestar, criminalizando la pobreza y la exigencia de derechos fundamentales. Su fallecimiento no solo representa la pérdida de un rostro icónico de la cotidianidad isleña, sino que subraya una tragedia mayor: la de un país donde denunciar el hambre sigue siendo un acto punible y donde la promesa de soberanía alimentaria se ha convertido en un fracaso estatal evidente. La impunidad con la que las autoridades de la isla operan garantiza, por ahora, que la crisis continúe profundizándose sin respuestas efectivas para una ciudadanía sumida en la desesperanza y el exodo.