El régimen de La Habana ha intensificado su acoso contra la joven opositora Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, al notificarle una citación policial bajo el eufemismo de «advertencia oficial». Esta acción represiva ocurre apenas horas después de que la activista desmantelara en redes sociales el discurso hipócrita de Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), señalando sus vínculos con el sector privado y un estilo de vida diametralmente opuesto al comunismo que defiende.
La citación, emitida por las autoridades de La Habana del Este, obliga a la joven a comparecer en una unidad policial en un claro intento de amedrentarla. Al hacer pública la cédula de citación a través de sus perfiles en redes sociales, Bensi reafirmó su postura con un contundente «Abajo la dictadura», demostrando que las tácticas de intimidación del aparato represivo no han logrado silenciar su voz crítica. Esta nueva arbitrariedad policial se enmarca en la habitual respuesta del gobierno cubano frente a los ciudadanos que se atreven a cuestionar las contradicciones y los privilegios de la cúpula de poder.
El detonante de este nuevo episodio de hostigamiento estatal tuvo lugar tras la publicación de un video en el que Bensi exponía la cruda realidad del sistema político en la Isla. Desde su experiencia cotidiana, la joven desmintió la narrativa oficial con una frase que resonó entre los internautas: «Yo no lo leo, lo vivo y lo sufuro», refiriéndose al comunismo. La espontaneidad y contundencia de su mensaje obligó a los mecanismos de propaganda del régimen a activarse, siendo Gerardo Hernández Nordelo uno de los primeros en salir al paso.
Hernández Nordelo, figura emblemática de la nomenclatura y conocido por su pasado como agente de inteligencia, recurrió al desgastado manual de descrédito oficialista. A través de sus redes sociales, el dirigente de los CDR insinuó, sin aportar prueba alguna, que los críticos del sistema político reciben financiamiento externo por expresar sus opiniones. «El comunismo no es tan malo cuando puedes vivir sin trabajar, porque alguien te paga por decir que el comunismo es malo», escribió, intentando desviar el foco de la discusión hacia el clásico señalamiento de «mercenarismo» que la dictadura utiliza para estigmatizar a la disidencia.
Sin embargo, la respuesta de Anna Bensi fue lapidaria y puso contra las cuerdas al funcionario. La activista cuestionó directamente a Hernández sobre su presunta vinculación con la mipyme «El Mercadito», un negocio que contrasta radicalmente con la retórica socialista que el coordinador de los CDR promulga. Bensi le preguntó irónicamente si podría conseguirle un empleo en dicho establecimiento, y profundizó su crítica al tildar el estilo de vida del exespía de «bastante capitalista», acusándolo de sostener una doble moral insostenible que cada vez más cubanos logran percibir con claridad.
La reacción del dirigente oficialista no se hizo esperar, pero resultó evasiva. Desde su cuenta de Facebook, Hernández Nordelo optó por la ironía y la amenaza velada en lugar del debate argumentativo. Sin negar de forma explícita las acusaciones sobre su relación con el negocio, publicó una imagen del establecimiento y lanzó un mensaje que muchos interpretaron como una advertencia legal: «Por favor, cibermercenarios, den la dirección del mercadito que es ‘mío’… ¡a ver si paso hoy por allí!». Además, acusó a sus detractores de difundir mentiras y dejó entrever la posibilidad de acudir a los tribunales, instrumentos que en Cuba responden a los designios del partido único.
Lejos de retractarse o amedrentarse por las insinuaciones del alto dirigente, Bensi amplió sus críticas y desnudó la hipocresía sistémica del régimen. «Dice Gerardo, el de los cinco espías, que ahora cualquiera cobra en dólares por decir mentiras. ¿Esos mentirosos están entre nosotros? Porque, que yo sepa, los mentirosos que cobran en dólares son todos ellos. Los dirigentes. Los mismos que acusan, pero fueron quienes dolarizaron el país», replicó la joven. Este señalamiento toca una fibra sensible del régimen, ya que la dolarización de la economía y el enriquecimiento de la élite gobernante contrastan dramáticamente con la miseria generalizada de la población.
La citación policial contra Anna Bensi no es un hecho aislado, sino la culminación de meses de un sistemático hostigamiento orquestado por la Seguridad del Estado. A sus 21 años, la activista ha denunciado reiteradamente la constante vigilancia a la que es sometida, las detenciones arbitrarias cada vez que intenta ejercer su derecho a la libre expresión, y las severas restricciones a su libertad de movimiento. Su activismo en redes sociales la ha consolidado como una de las voces emergentes más incómodas para el régimen de La Habana, especialmente por su capacidad de articular las frustraciones de la juventud cubana.
El coraje de Bensi ha trascendido las fronteras de la Isla y ha llamado la atención de la comunidad internacional. En meses anteriores, la joven recibió en su vivienda de Alamar la visita del jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer. Este encuentro, enmarcado en una serie de diálogos del funcionario con integrantes de la sociedad civil independiente, evidencia el reconocimiento a la labor de la activista y, a su vez, funciona como un escudo temporal que el gobierno cubano a menudo intenta sortear mediante tácticas de represión de baja intensidad, como las advertencias policiales.
Contexto: La represión selectiva y la hipocresía de la nomenclatura
Para comprender la magnitud del enfrentamiento entre Anna Bensi y Gerardo Hernández Nordelo, es necesario analizar el papel actual de los Comités de Defensa de la Revolución. Creados a inicios de los años sesenta como órganos de vigilancia y control masivo, los CDR han perdido su influencia popular pero mantienen su estructura represiva. La designación de Hernández, un exespía convertido en héroe de la propaganda, al frente de esta organización responde al intento del gobierno cubano de revitalizar el aparato de delación ciudadana en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas.
El surgimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) ha sido un catalizador de las contradicciones del régimen. Aunque presentadas como una «actualización del modelo económico», en la práctica han servido como vehículos de enriquecimiento para los familiares y aliados de la cúpula militar y política. La presunta vinculación de figuras como Hernández con negocios privados prósperos, mientras la mayoría de la población sufre apagones, escasez e inflación galopante, genera un profundo resentimiento social. La dictadura permite el capitalismo de amigos, pero persigue implacablemente a cualquier ciudadano que se atreva a señalar esta doble moral en la plaza pública.
La criminalización de la disidencia digital es otra de las estrategias centrales del régimen. Con el acceso limitado pero creciente a internet, el gobierno cubano ha tenido que adaptar sus tácticas represivas. Ya no solo se basa en el ostracismo mediático, sino que despliega ejércitos de ciberactivistas oficialistas y recurre a citaciones policiales para hostigar a opositores que ganan notoriedad en plataformas como Facebook o X. La «advertencia oficial» es un mecanismo jurídico ambiguo que la policía utiliza para infundir miedo, recordando a los activistas que el aparato coercitivo del Estado está pendiente de cada uno de sus pasos.
En este panorama, la figura de Anna Bensi representa un desafío generacional. Los jóvenes en Cuba no tienen memoria de los supuestos logros de la revolución y solo experimentan el deterioro material y la represión política. Que una joven de 21 años confronte a un símbolo del endurecimiento ideológico, como lo es un exespía condenado en Estados Unidos y luego intercambiado, y que lo haga señalando sus privilegios capitalistas, demuestra el desmoronamiento del discurso oficial. El miedo que antaño paralizaba a la sociedad cubana va cediendo paso a una indignación que se expresa cada vez con más fuerza en los espacios públicos y digitales.
En definitiva, la citación a la unidad policial es una muestra más de la debilidad estructural del régimen de La Habana. Un sistema político que se dice seguro de sus principios y de su respaldo popular no necesita amedrentar a una joven de 21 años con citaciones policiales por exigir coherencia a sus líderes. La dictadura, atrapada entre la retórica comunista y la práctica del capitalismo de Estado para unos pocos, recurre a la amenaza y al descrédito para intentar mantener un control social que se le escapa de las manos. La valentía de Anna Bensi no solo expone la hipocresía de Gerardo Hernández, sino que refleja la urgente necesidad de cambio que bulle en las calles de Cuba.


