Fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos ejecutaron en las primeras horas de la madrugada una operación militar de alta complejidad denominada \»Resolución Absoluta\», que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El operativo, ordenado personalmente por el presidente Donald Trump, contó con el despliegue de más de 150 aeronaves y unidades de élite como la Delta Force, y evidenció la vulnerabilidad de los esquemas de seguridad del chavismo, pese a estar reforzados con personal de inteligencia y protección cubana.
La incursión comenzó poco después de las 2:00 de la mañana, hora local de Caracas, con bombardeos selectivos contra instalaciones militares venezolanas, incluidas la base aérea de La Carlota y el complejo de Fuerte Tiuna. Los sistemas de defensa aérea del país sudamericano fueron neutralizados en los primeros minutos del ataque, lo que permitió la inserción de comandos que irrumpieron en una ubicación descrita por el propio Trump como \»una fortaleza\». Según relató el mandatario estadounidense en una conferencia de prensa ofrecida desde Florida, Maduro intentó refugiarse en una habitación segura pero \»llegó a la puerta, pero no pudo cerrarla\», y fue aprehendido junto a Flores mientras dormían.
La misión fue planificada durante meses y perfeccionada en los cuatro días previos, aprovechando condiciones de visibilidad favorables por una superluna. La orden final fue emitida por Trump a las 10:46 PM, hora de Washington, desde su residencia en Mar-a-Lago, desde donde siguió el desarrollo en tiempo real. Participaron unidades de la Delta Force y el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, conocido como Night Stalkers, con apoyo de cazas F-22, F-35 y F-18, bombarderos B-1, drones y helicópteros desplegados desde unas 20 bases y portaaviones en el hemisferio occidental. El general Dan \»Razin\» Caine, de la fuerza conjunta, destacó que las tropas actuaron con \»velocidad, precisión y disciplina\» para asegurar el perímetro y capturar a los objetivos.
El papel de la inteligencia cubana y el fracaso del aparato de protección
Un elemento particularmente revelador del operativo es la implicación del aparato de seguridad cubano en la protección de Maduro. Según los reportes, el mandatario venezolano sospechaba que una operación contra él era inminente y había extremado sus medidas de protección, reforzándolas con guardaespaldas cubanos, cambiando constantemente de ubicación y desechando teléfonos para evitar rastreos. Pese a estos protocolos —sostenidos con el respaldo de la dictadura cubana, que durante años ha exportado su modelo represivo y de inteligencia a Venezuela—, la operación estadounidense logró infiltrar el entorno del chavismo, con información recopilada por agencias como la CIA, la NSA y la NGA, incluyendo la presunta penetración de un agente dentro del círculo gubernamental.
Tras su captura, Maduro y Flores fueron trasladados en helicóptero a un portaviones estadounidense y posteriormente enviados a Nueva York para enfrentar un juicio. El operativo dejó un número no precisado de muertos y heridos entre la población venezolana, según reconocieron autoridades del régimen, así como algunos militares estadounidenses heridos y un helicóptero dañado. Cerca de las 4:20 AM, Trump confirmó el éxito de la misión a través de sus redes sociales. Analistas militares consultados calificaron la incursión como una operación de fuerzas especiales altamente sofisticada, que combina inteligencia penetrante, superioridad aérea y capacidad de inserción quirúrgica.
Implicaciones para el eje La Habana-Caracas
La captura de Maduro representa un golpe estructural no solo para el chavismo, sino para el régimen de La Habana, que ha sostenido su influencia geopolítica en la región apoyándose en el aliado venezolano como fuente de recursos energéticos y plataforma de proyección continental. El fracaso de los guardaespaldas cubanos para proteger a Maduro expone la fragilidad de un sistema de seguridad que la dictadura cubana ha vendido como inexpugnable, y plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación militar y de inteligencia entre ambos países. Para la ciudadanía cubana, que ha padecido décadas de represión y colapso económico bajo un modelo exportado y sostenido en alianzas como esta, el episodio reaviva la pregunta sobre cuánto tiempo puede perdurar un sistema autoritario cuando sus mecanismos de protección y respaldo internacional comienzan a desmoronarse. La comunidad internacional deberá ahora enfrentar las consecuencias diplomáticas y geopolíticas de un operativo que marca un precedente sin igual en las relaciones hemisféricas.