Domingo, 27 de septiembre de 2026
ÚLTIMA HORA
Politica

«¿Cómo ir a un país donde todo es arbitrario y no tienes ningún derecho?»: Aida Levitan y el exilio que forjó el éxito desde la desposesión

«¿Cómo ir a un país donde todo es arbitrario y no tienes ningún derecho?»: Aida Levitan y el exilio que forjó el éxito desde la desposesión

La empresaria, filántropa y líder cultural Aida Levitan, reconocida por Forbes en 2022 entre las 50 mujeres más influyentes mayores de 50 años, reconstruye en una entrevista reciente los fragmentos de una vida marcada por el desarraigo. Su trayectoria —desde una infancia privilegiada en La Habana prerrevolucionaria hasta la cúspide del empresariado hispano en Estados Unidos— ilustra no solo la capacidad de superación del exilio cubano, sino también el costo humano que la imposición del modelo totalitario infligió sobre generaciones enteras de ciudadanos de la isla.

La pregunta que da título a la entrevista —«¿Cómo ir a un país donde todo es arbitrario y no tienes ningún derecho?»— no es retórica. Es la formulación precisa que Levitan hace del dilema que enfrentaron cientos de miles de cubanos a comienzos de la década de 1960, cuando el régimen de La Habana procedió a la nacionalización forzosa de la educación, la confiscación de propiedades privadas y la eliminación sistemática de las garantías jurídicas que amparaban a la ciudadanía. En ese contexto de arbitrariedad creciente, su madre tomó una decisión que alteraría el rumbo de toda la familia: enviar a su hija fuera del país, sola, a través de la Operación Pedro Pan.

Aida Levitan nació en La Habana en 1948, en el seno de una familia de clase media-alta profundamente vinculada a la vida pública e intelectual cubana. Su abuelo materno, Julio del Castillo, había sido congresista y senador durante el gobierno de Alfredo Zayas y Zayas en la década de 1920. Hombre de fortuna construida durante el periodo conocido como las Vacas Gordas, poseía uno de los primeros automóviles en La Habana —un Buick que causaba sensación— y mantenía un estilo de vida cosmopolita, con viajes frecuentes a Europa y una educación de élite para sus hijas. La depresión de 1929 y la temprana muerte de su esposa, sin embargo, modificaron drásticamente el panorama familiar.

Su padre, Teófilo Tomás Abdo, era médico cirujano y oftalmólogo en La Habana, hijo de inmigrantes católicos procedentes de la antigua Palestina en el Imperio Otomano que se establecieron en Cuba a finales del siglo XIX. El divorcio de sus padres cuando ella tenía apenas dos años marcó una ausencia paterna permanente. Fue su madre, Aida del Castillo Cañizares, y la familia materna —especialmente su tío Roberto Díaz de Villegas Dorticós, vicecónsul de Cuba en Nueva York hasta 1959— quienes asumieron la formación afectiva e intelectual de la niña. Roberto, hombre culto, poeta y autor de acuarelas cómicas que declamaba Luis Carbonell, fue quien cultivó en ella la vocación literaria desde la infancia.

Acabada de nacer con su padre, el Dr. Teófilo Tomás, y su madre, Aida del Castillo de Tomás (Foto: Cortesía)

Acabada de nacer con su padre, el Dr. Teófilo Tomás, y su madre, Aida del Castillo de Tomás (Foto: Cortesía)

La infancia en una Habana que dejó de existir

Levitan describe su infancia como «maravillosa», transcurrida en el Nuevo Vedado, cerca del cine Acapulco, en una ciudad que ofrecía una vida cultural y nocturna vibrante. Su madre, consciente de la importancia del bilingüismo, la inscribió en The Phillips School, una institución laica en el reparto Kohly cuyos dueños eran estadounidenses de Vermont, donde las clases matutinas se impartían en inglés y las vespertinas en español. Esa formación bilingüe sería, décadas después, uno de los cimientos de su éxito profesional en Estados Unidos.

Aquel entorno de relativa prosperidad y apertura cultural se desmanteló con rapidez tras el triunfo de la Revolución. Levitan relata un momento que considera revelador: la transmisión televisiva del juicio a Jesús Sosa Blanco, donde, según recuerda, se violaron «todos los códigos del derecho». Esa percepción de la justicia convertida en instrumento de poder fue confirmada por la presencia de un miliciano apostado frente a su casa, encargado de vigilar y interrogar sobre todo lo que entraba y salía. La sensación de vivir bajo vigilancia permanente y sin amparo legal alguno consolidó en su madre la convicción de que había que abandonar la isla.

La ruptura familiar y la Operación Pedro Pan

El impacto de la radicalización del proceso revolucionario se extendió a toda la familia. Su primo Julio del Castillo, neurocirujano que había participado en el movimiento insurreccional contra Fulgencio Batista en las ciudades, terminó asilándose en la Embajada de Brasil en La Habana durante la invasión de Bahía de Cochinos. Su tío Julio, que ejercía como cónsul de Cuba en Londres entre 1960 y 1965, renunció a su cargo y rompió con el régimen aprovechando la salida de su cuñada Amparo hacia Inglaterra. La diplomacia cubana, como tantas otras instituciones del Estado, fue depurada de quienes no acataban la nueva ortodoxia.

Aida en su primera comunión (Foto: Cortesía)

Aida en su primera comunión (Foto: Cortesía)

En 1961, Aida Levitan se convirtió en la primera de su familia en salir al exilio, a través de la Operación Pedro Pan, el programa clandestino que trasladó a más de 14.000 niños cubanos a Estados Unidos sin la compañía de sus padres. Tenía 13 años. La recibió en Miami Hilda Pazos, amiga de su madre. Afortunadamente, su madre y su hermano Guillermo obtuvieron autorización para salir de la isla un mes después, y la familia pudo reunirse. No todos los niños de Pedro Pan corrieron la misma suerte: muchos tardaron años en volver a ver a sus padres, y algunos nunca lo lograron.

Los primeros años en el exilio: pobreza y reconstrucción

La llegada a Miami supuso un descenso radical en las condiciones de vida. Durante seis meses, la familia sobrevivió gracias a la asistencia de El Refugio, organización con sede en la Torre de la Libertad que atendía a los recién llegados. Su primer alojamiento fue un edificio de la década de 1920, en estado de deterioro avanzado y ocupado por inquilinos con problemas de alcoholismo. Poco después, su madre encontró un apartamento en La Pequeña Habana y un empleo como secretaria, mientras Aida era inscrita en el colegio Ada Merritt en Shenandoah. Esa trayectoria —de la prosperidad habanera a la precariedad miamense— fue la norma, no la excepción, para la primera oleada del exilio cubano.

La historia posterior de Levitan es la de una reconstrucción sostenida por el esfuerzo individual. Tras doctorarse en Literatura Española en Emory University, ejerció como profesora y administradora universitaria, luego como directora de departamentos gubernamentales en Miami, y finalmente como emprendedora: fundó una agencia de publicidad que vendió y transformó en la principal agencia hispana de Estados Unidos. Durante seis años presidió el Consejo de Administración de un banco y permanece en su junta directiva. En 2022, Forbes la incluyó en la lista 50 Over 50. El rey Felipe VI de España la nombró Oficial de la Orden Real Isabel la Católica por su liderazgo cultural en beneficio de España.

Aida con su muñeca favorita, a los cinco años (Foto: Cortesía)

Aida con su muñeca favorita, a los cinco años (Foto: Cortesía)

El exilio como consecuencia de la arbitrariedad institucional

La trayectoria de Levitan no debe leerse como una excepción aislada, sino como un caso dentro de un fenómeno masivo. La dictadura cubana, desde sus primeros años, construyó un sistema en el que la voluntad del poder sustituyó al marco legal, la educación se politizó como instrumento de adoctrinamiento, y la propiedad privada fue eliminada mediante confiscaciones sin debido proceso. La nacionalización de los colegios privados en 1960 —que motivó directamente la salida de Levitan del sistema educativo cubano— fue una de las primeras medidas de control ideológico sobre la infancia y la juventud, replicada después en medios de comunicación, empresas, asociaciones civiles y espacios religiosos.

La pregunta que titula la entrevista de Levitan conserva una vigencia perturbadora. Sesenta y cuatro años después de la nacionalización de los colegios, la isla sigue operando bajo un esquema donde los derechos ciudadanos están subordinados a la línea política del Partido Comunista. La diferencia es que hoy no existe una Operación Pedro Pan que ofrezca una vía de escape a los menores, ni un país receptor con la capacidad de absorción que tuvo Estados Unidos en los años sesenta. El exodo actual —que ha vaciado a Cuba de más del 10% de su población en menos de tres años, según estimaciones de la Oficina del Censo de Estados Unidos— se produce por rutas mucho más peligrosas: el cruce del Darién, las pateras hacia Florida, los vuelos hacia Nicaragua y desde allí por tierra hasta la frontera sur estadounidense.

Las condiciones que empujaron al exilio a la familia de Levitan —arbitrariedad, ausencia de derechos, vigilancia estatal, confiscación— no han desaparecido. Se han profundizado. La crisis económica estructural, con una inflación que supera el 30% anual según datos independientes, el colapso del sistema eléctrico con apagones de hasta 18 horas diarias, el desabastecimiento de medicamentos básicos y la represión sistemática contra quienes intentan expresar disidencia, configuran un panorama en el que la pregunta original adquiere una dimensión nueva: no solo cómo ir a un país sin derechos, sino cómo permanecer en él.

La memoria como acto de resistencia

El relato de Levitan cumple una función que trasciende lo biográfico. Al reconstruir los detalles de una Habana con instituciones funcionales, con un sector privado educativo, con una vida cultural abierta al mundo y con una diplomacia profesional, aporta testimonio de lo que la isla fue antes de su desmantelamiento institucional. Su trayectoria posterior demuestra que el potencial humano confiscado por el sistema —en forma de profesionales, empresarios, intelectuales y artistas— encontró en el exilio el terreno donde pudo desarrollarse. El éxito de los cubanos en el exterior es, en términos paradójicos, la medida de lo que la dictadura le arrebató a la nación.

El compromiso cultural sostenido de Levitan a través de ArtesMiami, la organización sin ánimo de lucro que preside desde 1995, su participación en la Comisión Nacional para la creación del Museo Nacional del Latino Estadounidense del Smithsonian, y su presidencia del Consejo de los Amigos de la Colección del Legado Cubano de la Universidad de Miami, constituyen un esfuerzo sistemático por preservar la memoria de la Cuba anterior a 1959 y del exilio que la sucedió. En un momento en que el régimen de La Habana continúa promoviendo una narrativa oficial que borra o distorsiona ese pasado, la labor de archivo y testimonio de figuras como Levitan adquiere un valor documental incalculable.

La entrevista concluye sin concesiones al nostálgico. Levitan no idealiza la Cuba prerrevolucionaria —su familia no era batistiana y su abuelo perdió su fortuna en la depresión—, pero establece con claridad una distinción fundamental: entre una sociedad con imperfecciones pero con marcos jurídicos y libertades civiles, y un sistema donde el poder opera sin contrapesos y el ciudadano carece de protección legal. Esa distinción, formulada desde la experiencia personal y no desde la abstracción teórica, es la que mejor explica por qué más de dos millones de cubanos han abandonado la isla en las últimas seis décadas, y por qué la salida continúa. La pregunta de Aida Levitan no necesita respuesta: la respuesta es el propio exilio.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
Escrito por

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *

Mantente Informado

Recibe las noticias más importantes de Cuba directamente en tu correo.