Jueves, 23 de julio de 2026
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El régimen cubano recicla la \»fábula vietnamita\» para eludir reformas estructurales frente a la crisis

La Habana. – El gobierno cubano ha vuelto a recurrir a la narrativa de aplicar el modelo económico vietnamita como una estrategia para generar expectativas de apertura, en medio de la profunda crisis que atraviesa la isla. Esta maniobra, que busca proyectar una imagen de voluntad reformista hacia la comunidad internacional y sectores internos, replica tácticas utilizadas en décadas anteriores para postergar cambios estructurales sin ceder el control totalitario del Estado.

Desde la década de los noventa, tras la caída del bloque soviético, las autoridades de la isla han esgrimido la posibilidad de transformarse en el \»Vietnam del Caribe\». Sin embargo, el régimen de La Habana ha eludido sistemáticamente el factor clave del éxito asiático: la reducción del sector estatal y la apertura real a la propiedad privada. En lugar de ello, la cúpula militar, germen del actual conglomerado empresarial GAESA, consolidó un modelo de capitalismo de Estado donde los beneficios se privatizan para la élite, mientras las restricciones y la pobreza se socializan para la ciudadanía.

La prensa oficial y la academia cubana han funcionado como altavoces de esta fábula cada vez que el país se aproxima al colapso. Un ejemplo claro de este uso propagandístico fue la gira del entonces vicepresidente Marino Murillo Jorge a Vietnam en 2012 y 2015. Estas visitas, enmarcadas en el deshielo con la administración de Barack Obama, respondían a un intento calculado por engañar a la Casa Blanca y a los defensores de reformas dentro del Partido Comunista, sugiriendo una inminente apertura económica que nunca se materializó.

Un espejismo ante el colapso sistémico

El resurgimiento del \»modelo vietnamita\» en el discurso oficial no es casualidad, sino una válvula de escape ante el deterioro acelerado de la economía nacional. La isla enfrenta una hiperinflación galopante, un desabastecimiento crítico de combustibles y alimentos, y un éxodo migratorio sin precedentes. Ante la incapacidad para garantizar servicios básicos, la dictadura cubana recurre a la promesa de reformas orientales para adormecer la inconformidad social y ganar tiempo, consciente de que cualquier apertura genuina amenazaría su hegemonía política y el monopolio del control estatal.

A futuro, la reciclada fábula vietnamita augura más de lo mismo para el pueblo cubano: promesas incumplidas y un estancamiento prolongado. Mientras la comunidad internacional y los actores diplomáticos observen con expectativa estos supuestos cambios, el ejecutivo cubano continuará eludiendo su responsabilidad en la crisis. Las verdaderas soluciones para la isla no radican en importar modelos autoritarios, sino en desmantelar la estructura de represión y control que asfixia la productividad y anula los derechos fundamentales de su población.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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