Jueves, 17 de septiembre de 2026
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El Sistema Eléctrico Nacional vuelve a colapsar en plena recuperación tras el sexto apagón total del año

El Sistema Eléctrico Nacional vuelve a colapsar en plena recuperación tras el sexto apagón total del año

El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sufrió una nueva desconexión en la tarde de este lunes, mientras las autoridades intentaban restablecer el servicio tras el colapso total registrado la noche del domingo, el sexto apagón nacional de 2026 y el cuarto desde principios de julio. La fragilidad del proceso de recuperación quedó al descubierto cuando una oscilación en la red provocó una nueva caída cuyo alcance exacto aún no ha sido precisado por las autoridades de la isla.

El periodista de la televisión estatal Lázaro Manuel Alonso confirmó a través de Facebook que una oscilación provocó la nueva desconexión del SEN, sin embargo, no especificó si el incidente afectó a la totalidad del país o únicamente a algunos de los microsistemas que habían sido creados durante el proceso de recuperación parcial. \»Se produjo hace unos minutos una nueva desconexión del Sistema Eléctrico Nacional. A pesar del avance logrado, una oscilación provocó la caída\», escribió Alonso en su publicación.

El reporte oficial carece de detalles fundamentales: no indica la hora exacta del incidente, el origen de la oscilación, las unidades generadoras que pudieron haber salido de servicio, los territorios afectados ni un plazo estimado para restablecer el suministro eléctrico. Esta opacidad informativa impide por ahora contabilizar el episodio como un séptimo apagón total, aunque el observatorio de apagones de CiberCuba mostraba el SEN como desconectado a las 5:21 de la tarde y señalaba que la reintegración nacional posterior al colapso del domingo no figuraba como confirmada.

El colapso del domingo: causas inmediatas

La desconexión anterior ocurrió a las 10:43 de la noche del domingo, cuando la Unión Eléctrica (UNE) anunció a través de sus canales oficiales: \»Ocurre una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Continuaremos informando\». Este colapso representó el sexto registrado en Cuba durante 2026 y el cuarto desde comienzos de julio, lo que evidencia una aceleración alarmante en la frecuencia de los fallos del sistema eléctrico.

El director del Despacho Nacional de Carga de la UNE, Félix Estrada Rodríguez, atribuyó el colapso del domingo a una avería en una subestación habanera de 110 kilovoltios que provocó una oscilación en la red y ocasionó la salida de la termoeléctrica de Felton, en la provincia de Holguín, según informó Associated Press. Este tipo de fallo en cadena revela la extrema vulnerabilidad de una infraestructura eléctrica que no ha recibido las inversiones necesarias para su mantenimiento y modernización durante décadas.

Antes de la nueva oscilación de este lunes, los reportes oficiales indicaban que el servicio había regresado a aproximadamente la mitad de La Habana y que se encontraban en línea la Unidad 2 de la Central Termoeléctrica (CTE) Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte, y la Unidad 3 de Energás Varadero. La CTE Antonio Guiteras, la mayor planta generadora del país, permanecía en un proceso de arranque en frío y aún no había sincronizado con el sistema. La propia prensa estatal había advertido que la reconstrucción de la red podía ser inestable y que el suministro podía retirarse nuevamente de circuitos ya energizados, una advertencia que se materializó horas después.

Una secuencia de fallos que se acumulan

La cadena de incidentes comenzó antes del apagón total del domingo. A las 6:07 de la tarde del sábado se dispararon simultáneamente las líneas de 220 kilovoltios Matanzas-Santa Clara y Matanzas-Cienfuegos, lo que dividió parcialmente el SEN y dejó sin servicio a las provincias comprendidas entre Pinar del Río y Matanzas. La UNE aseguró que aquella desconexión parcial había quedado superada a la 1:10 de la madrugada del domingo, pero apenas horas después se produjo el colapso nacional.

El parte oficial publicado después de aquel primer incidente revelaba una situación crítica: el país esperaba afrontar la demanda máxima del domingo con menos de un tercio de la generación necesaria. Más de un centenar de centrales de generación distribuida estaban paralizadas por falta de combustible, al igual que las plantas flotantes de Regla y Melones y otras instalaciones en Mariel y Moa. Varias unidades termoeléctricas permanecían averiadas o en mantenimiento, configurando un escenario en el que el colapso total era prácticamente inevitable.

El contexto de una crisis estructural

El apagón del domingo dejó prácticamente a toda la población cubana sin electricidad y se produjo en medio de una escasez aguda de combustible, el deterioro irreversible de la infraestructura eléctrica y la presión de Washington sobre los países que suministran petróleo a la Isla. El régimen de La Habana atribuye buena parte de la crisis a las sanciones estadounidenses, mientras los reiterados colapsos también han expuesto de manera contundente la incapacidad del sistema para mantener estables la frecuencia y la generación disponible, consecuencia directa de décadas de desinversión, mala gestión y falta de planificación.

La crisis eléctrica no es un fenómeno aislado, sino la manifestación más visible del colapso generalizado que atraviesa Cuba. El sistema energético cubano opera con plantas termoeléctricas que en su mayoría superan los 30 años de explotación, con niveles de eficiencia muy por debajo de los estándares internacionales y sin haber recibido las inversiones de capital necesarias para su mantenimiento adecuado. La dependencia del petróleo importado, principalmente de Venezuela, ha convertido al sector en rehén de los vaivenes geopolíticos y de los flujos irregulares de suministro que han caracterizado los acuerdos con Caracas en los últimos años.

Tras la desconexión del domingo, numerosos habaneros durmieron en balcones, portales o en el Malecón para escapar del calor, en un país donde los cortes eléctricos pueden prolongarse durante más de 20 horas diarias. Las imágenes de ciudadanos durmiendo en las calles de la capital sintetizan el nivel de degradación de las condiciones de vida en la isla, donde el acceso a un servicio básico como la electricidad se ha convertido en un privilegio intermitente. La situación se agrava en las provincias orientales, donde los apagones han sido sistemáticamente más prolongados que en La Habana, generando un resentimiento social creciente que el gobierno cubano intenta contener mediante el control informativo y la represión de las manifestaciones de descontento.

Represión y silencio informativo

La dictadura cubana ha mantenido un estricto control sobre la información relacionada con los apagones, limitando el acceso a datos precisos sobre el estado real del sistema eléctrico y penalizando las expresiones públicas de protesta. Durante los colapsos anteriores, las autoridades han arrestado a ciudadanos que intentaron manifestarse o difundir información sobre la crisis por redes sociales, aplicando legislaciones represivas como la Ley de Comunicación Social para criminalizar la libertad de expresión en momentos de emergencia nacional.

El patrón se repite con una regularidad alarmante: cada colapso del SEN es seguido por promesas oficiales de recuperación que tardan días en materializarse, mientras la población queda abandonada a su suerte sin acceso a servicios básicos como refrigeración de alimentos, bombeo de agua, atención médica en hospitales y comunicaciones. La ausencia de un plan de contingencia eficaz y la falta de transparencia en la gestión de la crisis evidencian no solo la incompetencia técnica del régimen, sino también su desprecio por el bienestar de la ciudadanía.

Implicaciones y perspectivas

La sucesión de seis apagones totales en lo que va de 2026, con cuatro concentrados en apenas un mes, marca un punto de inflexión en la crisis energética cubana. Lo que alguna vez pudo considerarse una emergencia temporal se ha consolidado como la nueva normalidad de un país donde el Estado monopoliza la generación y distribución de electricidad pero es incapaz de garantizarla. Las consecuencias se extienden más allá de la incomodidad cotidiana: afectan a la producción industrial, paralizan los servicios de salud, interrumpen el suministro de agua potable y agravan la crisis alimentaria al impedir la refrigeración de alimentos perecederos.

La comunidad internacional ha observado con creciente preocupación el deterioro de las condiciones de vida en Cuba, aunque las respuestas concretas han sido limitadas. Organismos de derechos humanos han documentado el impacto de los apagones en la población vulnerable, incluyendo ancianos, enfermos crónicos y niños, mientras los gobiernos democráticos de la región mantienen una postura de cautela diplomática. La pregunta que permanece en el aire es cuántos colapsos más puede absorber la sociedad cubana antes de que la acumulación de frustración desborde los mecanismos de control del régimen. Mientras tanto, millones de cubanos continúan esperando en la oscuridad, no solo la retorno de la electricidad, sino el de las libertades y las condiciones de vida que les han sido negadas durante más de seis décadas.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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