El Ministerio de Asuntos Exteriores de España manifestó su \»enorme preocupación\» por el impacto de las medidas estadounidenses sobre sus compañías, tras el anuncio de Meliá Hotels International de cesar la gestión de 15 hoteles en la isla. La decisión de la hotelera responde al endurecimiento de las sanciones de EE. UU. contra el conglomerado militar GAESA, un golpe más para el sector turístico, ya flagelado por la crisis estructural del régimen de La Habana.
La compañía hotelera comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que su filial portuguesa Ilha Bela concluyó de forma inmediata la prestación de servicios, comercialización y uso de marcas en 15 instalaciones cubanas. Entre los hoteles afectados se encuentran el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, Innside Catedral Habana, y varios resorts Paradisus y Sol en Varadero y Cayo Santa María. La empresa justificó la medida ante \»circunstancias sobrevenidas\» en el contexto geopolítico, legal y económico de la isla, que han impactado de forma significativa la seguridad y legalidad de sus operaciones.
La retirada de Meliá se produce en el marco de la Orden Ejecutiva 14404, emitida por Estados Unidos, que autoriza sanciones a personas extranjeras que operen en sectores clave de la economía cubana o que brinden apoyo al gobierno cubano. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) actualizó recientemente su lista para incluir al Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), el brazo económico de las Fuerzas Armadas, así como a su presidenta ejecutiva. La medida obliga a las empresas internacionales a liquidar sus vínculos con el conglomerado militar antes del plazo estipulado por el Departamento del Tesoro, bajo amenaza de fuertes represalias financieras.
Impacto limitado para Meliá, pero profundo para la economía cubana
Fuentes del Ejecutivo español señalaron que estas medidas \»unilaterales\» afectan los intereses de las compañías de España y agravan la \»penuria humanitaria\» de la población. Sin embargo, desde la propia hotelera indicaron que el impacto financiero de la desafiliación será \»limitado\», dado que la gran mayoría de los establecimientos estaban cerrados debido a los severos problemas energéticos y al desplome de la demanda turística. Esta situación es un reflejo directo del colapso sistémico que atraviesa la isla, donde la falta de combustible, los apagones prolongados y la incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar la infraestructura básica han ahuyentado al visitante extranjero.
El repliegue de capital extranjero, especialmente en el sector turístico —principal fuente de ingresos de la dictadura cubana—, evidencia el aislamiento comercial al que se enfrenta el país. La dependencia del régimen de La Habana en entidades militares como GAESA para administrar la economía ha generado un escenario insostenible para los inversores internacionales. Mientras el gobierno cubano pierde a uno de sus principales socios hoteleros, la ciudadanía continúa soportando las consecuencias de una economía centralizada y represiva, con un éxodo migratorio incesante y un horizonte de recuperación cada vez más incierto.