La prensa oficialista en Cuba desató una campaña de descrédito contra Lina Luaces, la joven nacida en Miami designada para representar a la isla en el certamen Miss Universo 2025. A través de una publicación en Cubadebate, el régimen de La Habana cuestionó la autenticidad de su vínculo con el país y criticó lo que calificó como una \»versión edulcorada de la cubanidad\», en un nuevo episodio de control sobre la identidad nacional y de hostilidad hacia la diáspora.
El artículo, firmado por Thalía Fuentes Puebla, centra sus ataques en la biografía de la concursante de 22 años, hija de la reconocida presentadora Lili Estefan. La nota señala que Luaces, quien representó a la provincia de Santiago de Cuba en el certamen local celebrado en Estados Unidos, nunca ha visitado esa región oriental y no domina el idioma español. Asimismo, critica que el proceso de selección haya sido organizado por empresarios venezolanos y jurados ajenos a la \»cotidianidad cubana\», sugiriendo que priman los intereses comerciales sobre un conocimiento genuino de la nación.
El texto oficialista aprovecha la coyuntura para cuestionar la industria de los concursos de belleza, acusándola de cosificar a la mujer y de imponer estándares estéticos consumistas. En contraste, el artículo sostiene que el gobierno cubano construyó un \»paradigma alternativo\» donde el valor femenino se mide por sus contribuciones a la medicina, la educación y el deporte, justificando la ausencia de la isla en estos eventos desde 1960. Sin embargo, esta narrativa omite la profunda crisis de derechos y libertades que sufren las mujeres en la isla, obligadas a enfrentar la escasez extrema, la inflación galopante y la falta de productos básicos de higiene femenina.
El control de la identidad desde el poder
La diatriba de la prensa oficial refleja una constante de la dictadura cubana: la pretensión de monopolizar qué es y qué no es ser cubano. Al exigir una \»experiencia directa de la realidad\» para validar la representación, las autoridades de la isla ignoran que más de un millón de ciudadanos han emigrado en los últimos años precisamente huyendo de esa misma realidad, marcada por la represión política y el colapso sistémico. La crítica a los \»privilegios de la élite de la diáspora\» resulta irónica proveniente de una cúpula de poder que vive ajena a los apagones, la censura y el desabastecimiento que sufre la población a diario.
Finalmente, este episodio trasciende la polémica de un certamen de belleza para evidenciar la fractura entre el régimen y los cubanos en el exilio. Mientras el ejecutivo cubano se aferra a un discurso anclado en el pasado para deslegitimar a figuras surgidas fuera de la isla, la comunidad internacional y la diáspora continúan construyendo espacios de representación que desafían el monopolio ideológico del Estado. El desprecio hacia la cubanidad que se gesta más allá del Estrecho de la Florida solo profundiza el aislamiento del gobierno y su desconexión con el presente de la nación.