La Defensa Civil de la isla difundió una \»Guía familiar para la protección ante una agresión militar\» que exhorta a la población a prepararse para un eventual conflicto bélico. La directriz, emitida en un contexto de creciente tensión diplomática con Washington, contrasta de forma dramática con la profunda crisis de desabastecimiento que sufre el país, exigiendo a los ciudadanos acopiar recursos básicos que el Estado hace tiempo dejó de garantizar.
El documento oficial insta a las familias a estudiar las instrucciones \»por si es necesario emplearlas\» y a preparar un bolso de emergencia con suministros para al menos tres días. Entre los artículos solicitados figuran alimentos no perecederos, radios con energía alternativa, linternas, velas, fósforos y un botiquín con analgésicos y antisépticos. La publicación de este manual surge tras un periodo de especulación en redes y se da en medio de la visita a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe, así como las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha insinuado un posible despliegue militar en el Caribe.
El despropósito de pedir lo que el sistema no ofrece
Las recomendaciones del régimen de La Habana han generado un rechazo generalizado debido a su desconexión con la realidad cotidiana. La guía menciona medicamentos específicos como dipirona, paracetamol, aspirina y antihistamínicos, productos que presentan una escasez crónica en las farmacias y hospitales del país. De igual forma, pedir a la población que reserve alimentos enlatados, galletas o pan para tres días resulta una ironía en una nación sumida en una crisis inflacionaria y de abastecimiento sin precedentes, donde asegurar tres comidas diarias es ya un desafío mayúsculo para la mayoría de los hogares cubanos.
En uno de sus apartados, el texto adopta la retórica beligerante característica del aparato estatal, asegurando que \»si el enemigo ataca, nuestra Revolución se defenderá hasta alcanzar la victoria\». Estas declaraciones se producen en un escenario de presión internacional creciente. Recientemente, la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva que amplía las sanciones contra el gobierno cubano, autorizando medidas contra entidades, bancos y figuras vinculadas a la represión y la corrupción. El endurecimiento de la política de Washington pone a las autoridades de la isla en una posición defensiva, apelando al discurso del \»sitio sitiado\» para intentar cohesionar a una sociedad profundamente descontenta.
La difusión de este manual de supervivencia no parece tener un fin práctico real, sino más bien un objetivo político: revivir el fantasma de una invasión externa para desviar la atención de los fracasos internos. Mientras la dictadura cubana prepara a su población para una guerra hipotética, la verdadera emergencia nacional sigue siendo el colapso estructural, la represión sistemática contra la disidencia y el éxodo masivo de ciudadanos que huyen de la falta de oportunidades. La respuesta de la comunidad internacional ante esta nueva escalada retórica será clave, aunque el principal desafío para el ejecutivo cubano seguirá siendo contener la indignación de un pueblo al que se le pide defender con la vida lo que apenas le permite sobrevivir.