La segunda jefa de misión de la embajada de Cuba en México, Johana Tablada de la Torre, aseguró que el régimen de La Habana se prepara para responder militarmente ante una eventual intervención de Estados Unidos, afirmando que \»no será un paseo para ellos\». Las declaraciones se producen en medio de tensiones diplomáticas y advertencias de altos funcionarios estadounidenses sobre la necesidad de un cambio político en la isla.
En una entrevista concedida al diario El Sol de México, la funcionaria descartó que el gobierno cubano busque un enfrentamiento armado, pero subrayó la disposición de las autoridades para combatir. \»Si tenemos que combatir no somos pocos\», afirmó Tablada de la Torre, retomando la narrativa oficial de resistencia frente a un adversario externo. La diplomática evitó dar detalles sobre la distribución de armamentos entre la población civil, una práctica que el régimen ha simbolizado recientemente con la entrega pública de un fusil AKM al cantautor Silvio Rodríguez.
Al ser consultada sobre el armamento de la población, la representante del ejecutivo cubano aludió a las estructuras de defensa del Estado. Indicó que existe una \»organización permanente\» donde ciudadanos, incluidos mujeres, niños y personas mayores, serían destinados a las brigadas de producción y defensa en caso de un ataque. Esta estrategia de militarización civil forma parte del aparato de control estatal, que históricamente ha priorizado la preservación del sistema político por encima del bienestar y las necesidades básicas de la población.
Contexto de crisis interna y presión internacional
Las declaraciones bélicas contrastan con la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. El gobierno cubano enfrenta una severa escasez de combustible, alimentos y constantes apagones que han provocado un masivo éxodo migratorio. En este escenario de deterioro socioeconómico, el discurso de una guerra inminente funciona como un mecanismo para desviar la atención de los fracasos internos y justificar la represión social bajo el pretexto de la defensa nacional.
El endurecimiento del discurso de La Habana responde a los recientes señalamientos desde Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mencionó a finales de marzo que \»Cuba es la siguiente\» durante un foro en Miami, sugiriendo que la isla podría ser objetivo de nuevas presiones tras acciones en otros países. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, descartó cualquier acuerdo puramente económico sin transformaciones políticas profundas. \»El sistema económico no puede cambiar sin un cambio en el sistema de gobierno\», afirmó Rubio durante una reunión del G7 en París.
La escalada retórica entre ambas naciones augura un escenario de mayor fricción diplomática. Mientras la dictadura cubana apela al desgastado fantasma del conflicto armado para cohesionar a la población, la presión internacional exige reformas democráticas reales. El futuro inmediato de los cubanos queda atrapado entre la intransigencia de un régimen en crisis y las políticas externas de asfixia, con el riesgo de que las consecuencias de esta tensión recaigan directamente sobre una ciudadanía agotada por la falta de libertades y el colapso material.