El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realiza una gira por Colombia, Ecuador y Perú del 8 al 10 de septiembre con el objetivo de consolidar un eje de aliados de Washington en Sudamérica, fortalecer la seguridad regional y coordinar la lucha contra el narcotráfico. En el marco de este recorrido, Rubio ha pronunciado una de sus declaraciones más contundentes sobre la situación de la isla: \»Si Cuba es un desastre, es porque su régimen es un desastre\».
La figura de Marco Rubio ocupa un lugar de primerísimo orden dentro de la Administración del presidente Donald Trump. Hijo de padres cubanos, nacido y crecido en Florida, Rubio encarna para amplios sectores del exilio y de la disidencia interna una representación política que vincula directamente la política exterior estadounidense con la causa de las libertades en Cuba. Su ascenso a la jefatura de la diplomacia norteamericana ha sido interpretado como un endurecimiento de la postura de Washington frente a las dictaduras del hemisferio.
La gira que desarrolla el secretario de Estado abarca tres países andinos con gobiernos recientemente electos que han mostrado una clara disposición a estrechar vínculos con Washington. Colombia, bajo la presidencia de Abelardo de la Espriella —quien asumió el cargo el 7 de agosto—, y Perú, con Keiko Fujimori en el poder desde el 28 de julio, representan un giro político en una región donde la influencia de la izquierda había ganado terreno en años anteriores. Ecuador, gobernado por Daniel Noboa, completa un mapa de alianzas que Washington busca consolidar frente al avance del crimen organizado y la influencia de potencias rivales como China.
\»Si Cuba es un desastre, es porque su régimen es un desastre\»
Una de las declaraciones más resonantes del recorrido fue la emitida por Rubio en referencia directa a la situación cubana. La frase, recogida por la periodista Odette González en CubaNet, condensa en pocas palabras una lectura que desde hace décadas sostienen sectores amplios de la sociedad civil cubana y la comunidad internacional: la responsabilidad exclusiva del modelo político y económico impuesto por el régimen de La Habana en el colapso generalizado que sufre la isla.
El secretario de Estado fue más allá y se refirió a los gobiernos izquierdistas de la región con una afirmación categórica: \»La izquierda ha destruido todos los países que ha controlado en el hemisferio\». Mencionó específicamente los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, las tres dictaduras que conforman el bloque más represivo del continente y que mantienen a sus poblaciones sumidas en crisis económicas, sociales y políticas profundas.
Los acuerdos de Barranquilla y la agenda de seguridad
La primera escala de la gira fue Colombia, donde Rubio se reunió con el presidente De la Espriella. Ambos anunciaron los llamados \»acuerdos de Barranquilla\», centrados en tres objetivos fundamentales: la reconstrucción del país tras el terremoto del 10 de agosto, la recuperación económica y el refuerzo de la seguridad hemisférica. Las conversaciones incluyeron además la lucha contra el narcotráfico y la cooperación en minerales críticos y energía nuclear con fines civiles.
Ecuador fue la segunda parada. El país andino ha sido golpeado de manera severa por el avance del crimen organizado y la violencia vinculada al narcotráfico, que ha convertido a varias de sus ciudades en escenarios de conflicto armado de baja intensidad. Durante su encuentro con el presidente Daniel Noboa, Rubio anunció que solicitará al Congreso estadounidense 45 millones de dólares adicionales para fortalecer la seguridad ecuatoriana, además de ofrecer nuevos equipos y profundizar la cooperación contra las organizaciones criminales transnacionales.
La gira concluye en Perú, donde Rubio tiene previsto reunirse con la presidenta Keiko Fujimori y el canciller Carlos Espá. Entre los principales asuntos de la agenda figuran el ingreso de Perú al Escudo de las Américas —la iniciativa promovida por Washington para coordinar la lucha regional contra el crimen organizado— y la creciente influencia económica de China en el país andino, un tema que preocupa a la diplomacia estadounidense en el marco de la disputa geopolítica con Pekín.
El contexto cubano: un régimen que ha convertido el enfrentamiento en política de Estado
La alusión de Rubio a Cuba no es un comentario lateral. Responde a una realidad verificable y documentada por organismos internacionales, organizaciones de derechos humanos y la propia sociedad civil cubana. La isla atraviesa su peor crisis económica en décadas, con una inflación descontrolada, un colapso generalizado de los servicios públicos —salud, transporte, energía eléctrica, abasto de agua— y un proceso migratorio sin precedentes que ha vaciado al país de su fuerza laboral y de su juventud.
La responsabilidad de este descalabro recae directamente en el régimen cubano, que ha mantenido durante más de seis décadas un modelo económico centralizado, ineficiente y dependiente del subsidio externo, primero soviético y luego venezolano. La ausencia de libertades económicas, la prohibición de la empresa privada libre, el control absoluto del Estado sobre los medios de producción y la represión sistemática de cualquier iniciativa autónoma han generado un escenario de empobrecimiento estructural que el gobierno de La Habana atribuye recurrentemente al embargo estadounidense, eludiendo su propia responsabilidad en la gestión del país.
Como recordó el propio contexto de las declaraciones de Rubio, Fidel Castro anticipó en una carta a Celia Sánchez el 5 de junio de 1958, en plena Sierra Maestra, que una vez terminada la guerra contra Fulgencio Batista comenzaría para él una lucha mucho más larga contra Estados Unidos. De aquel enfrentamiento, convertido después en política de Estado, el pueblo cubano ha sido rehén durante más de sesenta años. La confrontación con Washington fue elevada a categoría de doctrina y utilizada como justificación para la militarización de la sociedad, la supresión de las libertades y la perpetuación en el poder de una élite que nunca ha rendido cuentas ante la ciudadanía.
La dimensión regional: Cuba, Venezuela y Nicaragua como bloque represivo
La mención de Rubio a Cuba, Venezuela y Nicaragua como ejemplos de la destrucción provocada por la izquierda en el hemisferio responde a una realidad que trasciende las fronteras de cada país. Las tres dictaduras operan de manera coordinada en el ámbito regional, sosteniéndose mutuamente en foros multilaterales, compartiendo tácticas de represión y control social, y dependiendo de circuitos de financiamiento ilícito —incluido el narcotráfico y el contrabando— que han sido documentados por agencias de inteligencia y organismos judiciales de varios países.
El régimen cubano, en particular, ha funcionado históricamente como exportador de modelos autoritarios y como asesor en técnicas de vigilancia y represión para gobiernos aliados en la región. La presencia de personal cubano en Venezuela, vinculada a la inteligencia y al aparato de seguridad del chavismo, es uno de los ejemplos más visibles de esta proyección. La estabilidad de la dictadura de La Habana depende, a su vez, del flujo de recursos desde Caracas, en un circuito de interdependencia que prolonga la supervivencia de ambos regímenes a costa del sufrimiento de sus respectivas poblaciones.
El exilio cubano y la proyección política de Rubio
El protagonismo de Rubio al frente de la diplomacia estadounidense tiene una resonancia particular en el exilio cubano y en la diáspora reciente. Para muchos cubanos, su ascendencia y su postura firme frente al régimen de La Habana representan una continuidad de la lucha por las libertades democráticas en la isla. Algunos sectores han llegado a mencionar su nombre como el de un hipotético futuro presidente de Cuba, una especulación que, aunque carece de viabilidad práctica, refleja el grado de identificación que despierta su figura.
Rubio, por su parte, ha sido mencionado con insistencia como posible aspirante a la Casa Blanca en el futuro, lo que sitúa su gestión al frente del Departamento de Estado en una proyección de mediano plazo. Su gira por Sudamérica puede leerse tanto como un ejercicio de política exterior como una consolidación de su capital político en un hemisferio donde la confrontación entre modelos democráticos y autoritarios sigue siendo uno de los ejes centrales de la dinámica internacional.
Un hemisferio que cumple
Antes de iniciar el viaje, Rubio expuso sus objetivos bajo el lema \»Un hemisferio que cumple\», un concepto que resume la intención de Washington de articular un bloque de gobiernos comprometidos con la seguridad, el crecimiento económico y la soberanía nacional frente a la injerencia de potencias rivales. \»Estamos colaborando de forma directa con Colombia, Ecuador y Perú para consolidar una seguridad verdadera, facilitar el crecimiento económico y asegurar que el futuro de nuestra región siga estando bajo el control soberano de cada país\», afirmó el secretario de Estado, según recogieron varios medios latinoamericanos.
La gira de Rubio se inscribe en un momento de reconfiguración política en América Latina, donde varios países han experimentado cambios de gobierno que inclinan la balanza hacia posturas más alineadas con Washington. La consolidación de este eje de aliados podría tener implicaciones directas para la dictadura cubana, en la medida en que reduzca los espacios de respaldo diplomático y político que el régimen de La Habana ha mantenido en el ámbito regional. La presión internacional, combinada con el agravamiento de la crisis interna, configura un escenario en el que la viabilidad del modelo autoritario cubano se enfrenta a desafíos cada vez más difíciles de eludir.
Para los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, la coherencia de una política exterior que condicione la cooperación al respeto de los derechos humanos y a la apertura democrática representa una de las pocas vías de presión efectiva frente a regímenes que han demostrado una capacidad de supervivencia basada en la represión y el control absoluto. La gira de Rubio, más allá de sus resultados concretos, envía un mensaje inequívoco: la comunidad democrática del hemisferio no está dispuesta a normalizar la destrucción sistemática que las dictaduras han impuesto sobre sus propios ciudadanos.