El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum, confirmaron su ausencia en la X Cumbre de las Américas que se celebrará en República Dominicana. Ambos líderes rechazaron la decisión del país anfitrión, en coordinación con la Organización de Estados Americanos (OEA), de no invitar a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, argumentando que el diálogo hemisférico no puede construirse sobre la base de exclusiones.
A través de un mensaje publicado en la red social X, Petro justificó su decisión asegurando que \»el diálogo no comienza con exclusiones\». Con este anuncio, el mandatario colombiano se suma a la postura adoptada días antes por la izquierda mexicana, encabezada por Sheinbaum, quien confirmó que no acudirá al evento. La presidenta de México indicó que su gobierno evalúa enviar a un representante de la Cancillería, aunque priorizó la atención de la emergencia interna por las recientes inundaciones que han cobrado decenas de vidas en su país.
El criterio de la OEA y la postura de República Dominicana
La polémica surge tras el anuncio realizado por la Cancillería de República Dominicana, país anfitrión y presidente pro tempore del mecanismo. El ejecutivo caribeño detalló que la cumbre pasó a ser coordinada estrechamente con la OEA, un marco que impone restricciones a la participación. Santo Domingo defendió que la no invitación a La Habana, Managua y Caracas \»favorece la mayor convocatoria y asegura el desarrollo del foro\», priorizando un criterio estrictamente multilateral sobre los lazos bilaterales que históricamente ha mantenido con esas naciones.
La exclusión de la dictadura cubana, así como de los regímenes de Daniel Ortega y Nicolás Maduro, responde a la histórica falta de garantías democráticas y a la sistemática represión política que impera en estos países. Mientras el régimen de La Habana mantiene un control absoluto sobre la isla, profundizando el colapso económico, la escasez de servicios públicos y el masivo éxodo migratorio, la comunidad internacional ha endurecido su postura frente a la violación de los derechos humanos. La OEA ha sido constante en su condena al autoritarismo regional, lo que choca frontalmente con la postura de los gobiernos de izquierda que abogan por la integración sin condicionamientos democráticos.
El boicot de Colombia y México evidencia una profunda fractura diplomática en el hemisferio occidental. Mientras República Dominicana reafirma que no reconoce la legitimidad de las últimas elecciones venezolanas y gestiona sus diferencias políticas con la dictadura cubana bajo un marco de respeto, la ausencia de Petro y Sheinbaum amenaza con debilitar el consenso regional. Esta división no solo limita el alcance de los acuerdos que puedan surgir de la cumbre, sino que proyecta una imagen de desunión que las autoridades de la isla y sus aliados podrían intentar capitalizar en el frente internacional para evadir el escrutinio sobre su gestión.