La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció que la Cancillería ofrecerá facilidades diplomáticas a empresarios del país interesados en invertir en la isla, tras la aprobación de un paquete de 176 medidas económicas por parte de la Asamblea Nacional del Poder Popular. La iniciativa del régimen de La Habana busca captar capital privado, extranjero y de la diáspora para hacer frente al severo colapso estructural que mantiene a Cuba en una crisis prolongada.
Durante su conferencia matutina en el Palacio Nacional, la mandataria mexicana calificó el cambio como una decisión importante tomada por \»las y los cubanos\» para abrir su economía. No obstante, aclaró que cualquier participación de México en estas nuevas oportunidades será estrictamente privada. \»Tendrían que ser empresarios y empresarias mexicanas\», enfatizó Sheinbaum, descartando una inyección de capital público y limitando el papel de su gobierno a la facilitación de contactos a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
El régimen aprueba reformas sin renunciar al control centralizado
El respaldo diplomático de México se produce en el contexto de la aprobación de un amplio paquete de 176 transformaciones económicas y sociales por parte del Parlamento cubano. Las medidas, que abarcan sectores estratégicos como la agricultura, energía, transporte, comercio exterior y turismo, incluyen la flexibilización de trabas para nuevos actores económicos y una mayor autonomía municipal. Tanto el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, como el presidente Miguel Díaz-Canel, se apresuraron a aclarar que estas concesiones al capital privado y extranjero no implican \»renunciar al proceso de construcción del socialismo\», sino que responden a la \»lógica propia de su desarrollo\».
Los detalles de la reforma, publicados por la prensa oficial, contemplan ampliar las facultades de las empresas estatales, permitir su transformación en sociedades mercantiles y descentralizar la aprobación de precios. Asimismo, se autoriza a empresas privadas y cooperativas a realizar actividades de comercio exterior y se abre la puerta a que personas naturales y formas de gestión no estatal adquieran acciones, siempre bajo el control de un Estado que garantiza su participación mayoritaria en sectores estratégicos. Estas concesiones económicas son una respuesta tardía del gobierno cubano ante la crisis sistémica que enfrenta la isla, marcada por una inflación galopante, el desabastecimiento crónico de bienes básicos y un éxodo migratorio sin precedentes que ha diezmado a la fuerza laboral.
En el ámbito financiero, el ejecutivo cubano ha defendido la necesidad de un sistema bancario más ágil y digital, anunciando la apertura, bajo regulación estricta, a instituciones privadas y extranjeras. Sin embargo, la eficacia real de este paquete de medidas para revertir el colapso productivo de la isla dependerá de la confianza que logre inspirar en los inversionistas. Mientras la dictadura cubana mantenga su control absoluto sobre el poder, sin contrapesos democráticos ni garantías jurídicas independientes, la incertidumbre y la persistente represión social seguirán actuando como los principales disuasivos para cualquier flujo de capital que busque genuinamente reactivar la economía nacional y mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía.