Cuatro personas permanecen ingresadas en salas de terapia intensiva en Cuba debido a complicaciones derivadas del dengue, dos en estado crítico y dos graves, mientras el régimen de La Habana admite la transmisión activa de múltiples enfermedades. El colapso del sistema sanitario, la falta de medicamentos y el deterioro de la infraestructura pública agravan una situación que ya ha generado alertas sanitarias por parte de las embajadas de Estados Unidos y Canadá.
El director nacional de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, Francisco Durán, confirmó la gravedad del panorama epidemiológico durante una intervención televisiva. El funcionario detalló que la transmisión activa del dengue se mantiene en siete provincias, nueve municipios y nueve áreas de salud, a las que se sumó recientemente el municipio Perico, en Matanzas, donde también se reportan casos de chikungunya. Durán insistió a la población en evitar la automedicación y acudir a los centros asistenciales, una recomendación que choca frontalmente con la realidad de instalaciones en ruinas y la escasez crítica de recursos para tratar a los pacientes.
Además del dengue, el cuadro clínico de la isla se ve complicado por la persistencia del virus oropouche, que se ha extendido por 11 provincias, 24 municipios y 28 áreas de salud. A esto se suma un incremento en los casos de hepatitis A, enfermedad de transmisión digestiva directamente vinculada a la contaminación de agua y alimentos, así como la circulación de virus respiratorios como la influenza y el virus sincitial respiratorio, este último con cuadros graves en infantes menores de dos años. Las autoridades de la isla recomiendan hervir agua y usar pastillas de cloro, medidas prácticamente imposibles de cumplir ante los constantes apagones y el desabastecimiento generalizado que sufre el país.
El colapso sanitario y la inacción gubernamental
El brote simultáneo de estas enfermedades no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa del deterioro estructural de la infraestructura pública en Cuba. El gobierno cubano ha demostrado ser incapaz de garantizar el suministro estable de agua potable, el adecuado manejo de residuos sólidos y la fumigación efectiva contra mosquitos y jejenes. Las limitaciones en el acceso a reactivos de laboratorio, tratamientos médicos y personal especializado complejizan el diagnóstico diferencial y la atención oportuna, dejando a la ciudadanía en estado de indefensión ante un sistema de salud que, pese a la retórica oficial, muestra una incapacidad absoluta para responder a las emergencias básicas.
La gravedad de la crisis ha trascendido las fronteras de la isla. Tanto la Embajada de Estados Unidos en La Habana como el Gobierno de Canadá han emitido comunicados advirtiendo a sus ciudadanos sobre los brotes de dengue, oropouche, chikungunya, COVID-19 y sarampión, señalando explícitamente que la atención médica en Cuba es limitada y deficiente. Mientras la dictadura cubana minimiza el impacto de estas epidemias en sus reportes oficiales, la población enfrenta el riesgo inminente de un colapso sanitario total, con la certeza de que la mala gestión estatal y la falta de transparencia continúan siendo las principales amenazas para la vida y el bienestar de los cubanos.