La relación entre el régimen de La Habana y Caracas atraviesa una profunda crisis de incertidumbre tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. El golpe a la alianza estratégica ha dejado a la isla sin su principal suministro de crudo y ha forzado la retirada de médicos y asesores de seguridad cubanos, mientras el gobierno interino de Delcy Rodríguez acata las exigencias de Washington y desmonta dos décadas de cooperación bilateral.
La detención del líder chavista representa un punto de quiebre para el vínculo que durante más de dos décadas funcionó como el principal pilar económico e ideológico de la región. Según expertos citados por agencias internacionales, la coordinación estrecha entre ambos países ha sido reemplazada por un escenario marcado por los silencios. El investigador de la Universidad de La Habana, Pável Alemán, admitió la falta de certezas sobre el estado actual de la relación bilateral, advirtiendo que corre el riesgo de sufrir un \»enfriamiento paulatino\» debido a los cambios impulsados por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
El nuevo ejecutivo venezolano ha comenzado a desmantelar las misiones sociales y, crucialmente, ha acatado la petición de Estados Unidos de suspender las exportaciones de petróleo hacia la isla. Esta interrupción ha agravado de manera directa la ya crítica situación energética y económica de Cuba. Durante 25 años, el pacto de intercambio de crudo por servicios médicos sostuvo artificialmente la economía nacional; sin este flujo, las autoridades de la isla enfrentan una escasez histórica de combustible que paraliza el transporte, la generación eléctrica y la ya mermada actividad productiva del país.
Repliegue de personal y el costo de la proyección militar
El distanciamiento no se limita al ámbito energético. Informaciones recientes indican que asesores de seguridad y personal médico cubano han comenzado a salir de Venezuela ante las presiones de Washington para desarticular esta alianza. Delcy Rodríguez, a diferencia de sus predecesores, ha confiado su seguridad a escoltas venezolanos, dejando atrás la dependencia de las fuerzas de élite de la dictadura cubana. A este repliegue se suma el costo humano de la operación militar del pasado 3 de enero, cuando el gobierno cubano reconoció la muerte de 32 nacionales durante el ataque en que fue capturado Maduro, la primera vez en décadas que militares de la isla caían en un conflicto en territorio extranjero.
Para el catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Efraín Vázquez Vera, las relaciones entre ambos países están \»totalmente paralizadas\» y Venezuela ha dejado de funcionar como un factor determinante en la política interna cubana. El académico señaló que la captura de Maduro opera como una advertencia y una \»amenaza latente\» de lo que podría ocurrir en la isla. Además, percibe un posible resentimiento en La Habana ante la percepción de que la operación contó con apoyo interno en Caracas, lo que habría sacrificado a los militares cubanos que integraban el círculo de seguridad del líder chavista.
El colapso de este eje geopolítico deja al régimen de La Habana en una posición de extrema vulnerabilidad. Privado de su principal soporte económico y aislado diplomáticamente, el gobierno cubano se enfrenta a una crisis sistémica que amenaza con profundizar la inflación, el desabastecimiento y el acelerado éxodo migratorio. La implosión de la alianza con Caracas no solo representa una derrota estratégica para el autoritarismo regional, sino que plantea un escenario inédito donde la viabilidad del modelo cubano queda en entredicho frente a la presión internacional y una ciudadanía sumida en la pobreza y la falta de libertades.