Martes, 15 de septiembre de 2026
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«Habana antigua»: El rescate de una memoria histórica secuestrada por el régimen cubano

«Habana antigua»: El rescate de una memoria histórica secuestrada por el régimen cubano

El libro «Habana antigua», escrito por el Dr. Manuel Pérez Beato en 1936, se erige como un testimonio indispensable para comprender la conformación urbana y toponímica de la capital cubana. Sin embargo, la obra permanece inaccesible para la gran mayoría de los cubanos, evidenciando cómo el régimen de La Habana ha monopolizado el acceso a la historia nacional y restringido la consulta de archivos patrimoniales bajo un estricto control burocrático.

Nacido en Cádiz, España, el 5 de marzo de 1855, Manuel Pérez Beato se radicó en La Habana desde su juventud, destacándose no solo como médico y cirujano, sino también como bibliotecario, profesor e investigador incansable. Su legado como Historiador Oficial Honorífico de La Habana y Socio de Honor de la Sociedad Geográfica de Cuba quedó plasmado en esta monumental obra de 469 páginas, dividida en trece capítulos y publicada originalmente por Seoane Fernández y Cía. Impresores. El texto, dedicado a José María de la Torre en justo reconocimiento a su libro «Lo que fuimos y lo que somos», corrige errores historiográficos de épocas anteriores, aunque el autor falleció en 1943 dejando inconcluso el segundo tomo, lo que truncó una investigación aún más exhaustiva.

Un patrimonio visual oculto tras el control estatal

Lo más valioso de «Habana antigua» radica en sus 192 grabados, fotografías, mapas y planos que documentan minuciosamente la arquitectura y el diseño de la ciudad. Hoy en día, gran parte de este material documental original solo se encuentra en archivos estatales o instituciones oficiales donde el acceso es sistemáticamente vetado al ciudadano común si no cuenta con un permiso especial. Esta dinámica refleja una política de las autoridades de la isla de controlar la información histórica, manteniendo el patrimonio cultural bajo llave y alejado del escrutinio público independiente.

En sus páginas, el autor aborda la conformación de la ciudad durante los siglos XVI y XVII, detallando los nombres originales de calles, callejones, puentes, alcantarillas y principales plazas. Uno de los segmentos más destacados es el «Callejero de La Habana», donde se explica el origen de la nomenclatura y la extensión en cuadras de cada vía. Estos datos, que alguna vez fueron conocimiento común, hoy son un misterio para la mayoría de los habaneros que transitan por una ciudad que ha sido despojada de su identidad original y sometida a un proceso de deshumanización urbana.

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Manuel Pérez Beato (al centro) y algunas ediciones de su libro (Fotos: Blogspot)

Toponimia y resistencia civil ante la imposición ideológica

La sustitución toponímica es un fenómeno evidente en bararios como Marianao, Miramar, El Vedado y Lawton, donde los nombres originales de las calles fueron reemplazados por números. Esta medida, adoptada por el gobierno cubano en distintos momentos del siglo XX, obliga a especificar siempre el barrio para encontrar cualquier dirección, perdiendo en el proceso el valor histórico de las denominaciones. Más significativo aún es el cambio ideológico de avenidas emblemáticas: pese a haber sido rebautizadas como Salvador Allende y Camilo Cienfuegos, la población continúa llamándolas por sus nombres seculares, Carlos III y Dolores, demostrando una resistencia pasiva ante la imposición de una nomenclatura oficialista que busca borrar el pasado pre-revolucionario.

El libro también desentraña las incógnitas sobre la fundación de la ciudad. Aunque se atribuye la fecha al 25 de julio de 1515 por la festividad de San Cristóbal, un indulto de la Silla Apostólica trasladó la celebración al 15 de noviembre. Posteriormente, el primer historiador oficial, Emilio Roig de Leuchsenring, propuso el 16 de noviembre como fecha oficial para los festejos. Pérez Beato y Roig de Leuchsenring coinciden en sus conjeturas, pero la falta de pruebas definitivas se debe a la pérdida de las Actas Capitulares cuando el pirata francés Jacques de Sores tomó e incendió La Habana en 1555, un evento que destruyó gran parte de la memoria fundacional.

El contraste entre la historia documentada y el colapso urbano actual

El crecimiento urbano de La Habana, que hoy abarca una extensión superficial de aproximadamente 800 kilómetros cuadrados, ha estado marcado en las últimas décadas por una migración interna descontrolada hacia la capital. Este fenómeno, agravado por la crisis estructural de la isla, ha dado lugar a asentamientos sin verdaderas condiciones urbanísticas. La planificación centralizada del régimen ha fracasado en proveer infraestructura básica, agua potable o transporte adecuado, convirtiendo a la otrora joya arquitectónica en una ciudad colapsada donde los derrumbes y la falta de mantenimiento son la norma.

La inaccesibilidad de obras como «Habana antigua» no es un hecho aislado, sino parte de una crisis más profunda que afecta la preservación del patrimonio cultural. La dictadura cubana ha mantenido un control férreo sobre la producción y distribución editorial, priorizando la propaganda política sobre el rescate histórico. El hecho de que este libro no haya tenido una nueva edición en Cuba desde 1936 obliga a los interesados a buscarlo en el mercado negro de vendedores de libros raros de uso o en bibliotecas privadas, mientras las instituciones oficiales acumulan ejemplares que no circulan.

Mientras tanto, en el exilio, editoriales como Ediciones Universal, de Miami, han tenido que asumir la responsabilidad de reimprimir y conservar esta obra para la diáspora. Esta realidad subraya una paradoja dolorosa: la historia de la capital cubana está mejor preservada y es más accesible fuera de las fronteras nacionales que dentro de su propio territorio. El cubano que reside en el exterior puede consultar los catálogos de estas editoriales independientes, mientras el que vive en la isla enfrenta restricciones burocráticas para acceder a su propio pasado.

Consecuencias de un patrimonio secuestrado

La negativa del ejecutivo cubano de democratizar el acceso a los archivos históricos es una forma de censura que vulnera el derecho de los ciudadanos a conocer su pasado. En un país donde la narrativa histórica es manipulada para justificar el poder absoluto, la obra de Pérez Beato se convierte en una herramienta de resistencia intelectual. Recordar cómo era la ciudad antes de la intervención estatal permite visibilizar lo muy escaso que resta de ella tras décadas de abandono y negligencia institucional.

La imposibilidad de consultar libremente «Habana antigua» refleja el aislamiento cultural impuesto por el régimen. Mientras la comunidad internacional observa con preocupación la constante violación de los derechos humanos y civiles en la isla, la pérdida de la memoria histórica urbana se suma a la lista de daños infligidos a la sociedad cubana. Recuperar el acceso a estas obras no solo es una deuda histórica, sino un paso necesario para reconstruir la identidad de una nación que lucha por rescatar su pasado para, con él, reescribir un futuro en libertad.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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