Miércoles, 22 de julio de 2026
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Cultura

Chico Buarque presta su prestigio a la propaganda del régimen cubano en medio de la crisis más profunda de la isla

El cantautor brasileño viajó a La Habana invitado por Silvio Rodríguez para regrabar \»Sueño con serpientes\», pero su visita se convirtió en un acto de respaldo político al gobierno cubano, rodeado de funcionarios vinculados a la represión cultural y la censura institucional.

Desde el 15 de mayo circula en plataformas digitales una nueva versión de \»Sueño con serpientes\», tema compuesto por Silvio Rodríguez e incluido originalmente en su álbum Días y flores (1976). La regrabación cuenta con la participación del cantautor brasileño Chico Buarque, quien viajó a La Habana para la ocasión. Sin embargo, más allá del reencuentro musical entre dos figuras emblemáticas de la canción latinoamericana, la visita tuvo un marcado carácter político: Buarque describió su viaje en redes sociales como un gesto \»de carácter solidario con el pueblo y el país\», atribuyendo el agravamiento de la crisis económica y energética de la isla al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, en sintonía con la narrativa oficial del régimen de La Habana.

El encuentro se desarrolló en la Casa de las Américas, institución históricamente vinculada a la cultural oficial cubana. Al acto asistieron figuras del aparato gubernamental y cultural, entre ellas el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, señalado por su papel durante la represión a las protestas del 27 de noviembre de 2020; la viceministra Inés María Chapman; Abel Prieto, así como otros funcionarios y periodistas alineados con la línea editorial del Estado. La presencia de Alonso resulta especialmente significativa: su gestión al frente del Ministerio de Cultura se ha caracterizado por el acoso a artistas independientes, la criminalización de la disidencia cultural y el respaldo a las medidas represivas contra el movimiento San Isidro y otros colectivos críticos.

El paradox de un perseguido por la censura que respalda la censura

La trayectoria de Chico Buarque guarda una contradicción difícil de soslayar. En 1968, durante la dictadura militar brasileña, su obra teatral Roda Viva fue censurada; los actores sufrieron agresiones por parte de grupos paramilitares y el cantante fue sometido a vigilancia policial hasta verse forzado al exilio en Europa. Esa experiencia lo marcó como símbolo de la resistencia cultural contra el autoritarismo en Brasil. Sin embargo, la censura, el hostigamiento y la presión institucional que Buarque padeció bajo el régimen militar brasileño resultan modestos comparados con lo que han soportado durante más de seis décadas los artistas e intelectuales cubanos bajo la dictadura castrista: desde la persecución de poetas como Heberto Padilla y María Elena Cruz Varela hasta el encarcelamiento de artistas como Luis Manuel Otero Alcántara y la expulsión del país de decenas de creadores tras las protestas del 11 de julio de 2021.

Que un artista que conoció en carne propia el peso del autoritarismo preste su imagen para oxigenar a un gobierno que reprime sistemáticamente a sus propios creadores revela la persistencia de una mirada ideologizada que prioriza la afinidad política sobre la solidaridad real con los oprimidos. El acto, presentado como un homenaje musical, funcionó en los hechos como una operación de propaganda en un momento de aguda crisis de legitimidad del ejecutivo cubano, sumido en apagones prolongados, inflación galopante, desabastecimiento y un éxodo migratorio sin precedentes.

La instrumentalización de figuras internacionales de prestigio es una práctica recurrente de las autoridades de la isla para proyectar hacia el exterior una imagen de normalidad cultural y respaldo artístico que contrasta frontalmente con la realidad interna: artistas procesados por el delito de \»desacato\», músicos prohibidos en los medios estatales, galerías clausuradas y un aparato censor que opera bajo la fachada institucional del Ministerio de Cultura. Mientras Buarque soñaba con serpientes en La Habana, decenas de creadores cubanos continúan enfrentando las serpientes reales de la represión, la censura y el destierro. La pregunta que queda flotando es cuánto más tardará la comunidad cultural latinoamericana en reconocer que la solidaridad con Cuba no puede confundirse con la complicidad con quienes la oprimen.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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