La esposa de Nicolás Maduro fue trasladada junto al mandatario venezolano a Nueva York para enfrentar cargos federales, poniendo fin a décadas de influencia política discreta pero decisiva dentro del régimen. Hasta su captura, Flores era considerada una de las piezas más poderosas y menos visibles del aparato chavista.
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó mediante un mensaje en la red social X que tanto Nicolás Maduro como Cilia Flores habían sido \»acusados formalmente\» y que ambos \»pronto enfrentarán todo el peso de la justicia estadounidense\». El dictador venezolano enfrenta imputaciones por \»conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos\», según detalló la propia fiscal. Aunque Bondi no especificó que los cargos fueran idénticos para Flores, dejó claro que ambos responderían ante tribunales estadounidenses.
Cilia Flores nació en 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes, y creció en barriadas del oeste de Caracas. Abogada especializada en derecho laboral y penal, su trayectoria política comenzó cuando asumió la defensa de Hugo Chávez y otros militares implicados en el intento de golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Fue en ese contexto cuando conoció a Maduro, quien entonces formaba parte del equipo de seguridad del teniente coronel y realizaba gestiones para lograr su liberación. La propia Flores recordó públicamente en 2023 el momento en que se fijó en él durante una asamblea en Catia: \»Dije: ‘Qué inteligente’\», relató.
Una trayectoria marcada por el poder y la controversia
Flores construyó un perfil propio dentro del Estado venezolano antes de convertirse en primera dama. Fue elegida diputada de la Asamblea Nacional en 2000 y reelecta en 2005. Un año después, en 2006, asumió la presidencia del Parlamento, sucediendo a Maduro, quien pasó a ocupar la Cancillería durante el gobierno de Chávez. Su gestión al frente del legislativo estuvo marcada por la prohibición del ingreso de periodistas al hemiciclo y por señalamientos de nepotismo. Sobre las acusaciones de contratación de familiares en el Congreso, Flores admitió ante el diario español La Vanguardia: \»Sí ingresó mi familia por cualidades propias; me siento orgullosa y defenderé su trabajo las veces que haga falta\».
Entre 2009 y 2011 ocupó la segunda vicepresidencia del Partido Socialista Unido de Venezuela, y en 2012 fue designada procuradora general de la República. En los últimos meses de vida de Chávez, Flores acompañó a Maduro —entonces vicepresidente— en sus viajes a Cuba para visitar al líder enfermo. La pareja contrajo matrimonio en julio de 2013, poco después de que Maduro resultara vencedor en las elecciones presidenciales frente al opositor Henrique Capriles. A partir de ese momento, su exposición pública disminuyó notablemente, aunque analistas coinciden en que su poder no se redujo, sino que se replegó hacia un ejercicio menos institucionalizado.
La doctora en Ciencia Política Carmen Arteaga, profesora asociada de la Universidad Simón Bolívar, describió a Flores como \»el poder detrás del trono o una asesora de primera línea\». Según Arteaga, esa influencia habría sido determinante durante los años de disputa interna por la herencia política de Chávez, cuando Maduro aún consolidaba su liderazgo sobre figuras de peso dentro del oficialismo. Por su parte, la politóloga E —citada por CNN— señaló que el poder de Flores no es fácil de medir porque \»ocurre tras bambalinas\» y \»no está institucionalizado\». Esa misma opacidad que durante años la protegió como figura clave del chavismo es ahora la que se desmorona ante el escrutinio de la justicia federal, en un proceso que podría revelar detalles hasta ahora desconocidos sobre la estructura interna del régimen venezolano y sus vínculos con el narcotráfico.