La llegada de visitantes internacionales a Cuba sufrió una caída del 20,5% entre enero y septiembre, con 352.289 turistas menos que en el mismo periodo del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). El descenso confirma el fracaso de la estrategia económica del gobierno cubano, que ve cómo una de sus principales fuentes de ingresos en divisas se desploma ante el deterioro generalizado de los servicios y la infraestructura nacional.
Las cifras oficiales detallan que la isla recibió a 1.366.720 visitantes internacionales en los primeros nueve meses del año, representando apenas el 79,5% del volumen registrado en 2024. Si se incluye a los residentes cubanos en el exterior que retornan temporalmente, el total de viajeros fue de 1.960.713, un 85,2% respecto al año anterior. Todos los principales mercados emisores registraron tendencias descendentes, a excepción de Argentina, que creció un 7,3%. Canadá, el primer emisor histórico, redujo sus arribos de 695.557 a 559.715. Otros mercados clave como Rusia cayeron drásticamente al 62,8% (de 141.612 a 88.879), mientras que Alemania experimentó una de las mayores contracciones, pasando de 47.323 a apenas 26.735 turistas.
Una estrategia económica desconectada de la realidad
Para el actual ejercicio, las autoridades de la isla habían proyectado alcanzar la meta de 2,6 millones de visitantes internacionales, un objetivo que ahora resulta inalcanzable tras el ritmo acumulado. A la escasez de turistas se suma un desplome de casi siete puntos en la ocupación hotelera durante el primer semestre y una caída del 20% en los arribos por vía aérea. A pesar de este panorama desolador, el régimen de La Habana continúa destinando recursos a la construcción de nuevos hoteles. Economistas y expertos han criticado reiteradamente esta política, señalando que priorizar edificaciones vacías sobre la atención a sectores esenciales profundiza la ineficiencia del modelo económico cubano.
Crisis sistémica y pérdida de competitividad
La contracción del sector no responde a meras fluctuaciones de mercado, sino a la profundización de la crisis estructural que atraviesa el país. La pérdida de conectividad aérea, los apagones constantes, la escasez de recursos básicos y el evidente deterioro de la infraestructura turística han alejado a los viajeros. Mientras tanto, otros destinos caribeños han capitalizado la recuperación pospandemia, dejando a Cuba en clara desventaja competitiva. El visitante que llega a la isla se enfrenta a deficiencias en servicios que el ejecutivo cubano ha sido incapaz de resolver, afectando directamente la percepción del destino.
El hundimiento del turismo augura un escenario económico aún más adverso para la ciudadanía. Al disminuir una de las principales vías de captación de divisas, la dictadura cubana podría intensificar las restricciones y la presión fiscal sobre el sector privado y las remesas para compensar el déficit estatal. Esta dinámica no hace más que alimentar el ciclo de empobrecimiento y el continuo éxodo migratorio, evidenciando que la falta de libertades y la ineficiencia gubernamental son los verdaderos obstáculos para la recuperación del país.