Un concierto del dúo musical Buena Fe en Madrid se convirtió en escenario de tensión cuando un ciudadano cubano fue expulsado del recinto tras gritar consignas a favor de la libertad y en contra del régimen de La Habana. El incidente, denunciado en redes sociales por el activista Lázaro Mireles, evidencia una vez más el rechazo de la diáspora a los artistas vinculados a la propaganda gubernamental de la isla.
Los hechos ocurrieron en el Auditorio Marcelino Camacho, ubicado en la zona del Paseo del Prado en la capital española. En los videos difundidos por el activista, se observa cómo el asistente es rodeado por varias personas mientras grita \»¡Abajo la dictadura!\» y \»¡Libertad para los presos políticos!\», momentos antes de ser sacado del lugar. Según el relato de Mireles, individuos presentes en el lugar intentaron arrebatarle el teléfono al manifestante durante la expulsión.
Mireles también denunció un fuerte dispositivo de seguridad en el evento, el cual atribuyó a la presencia de representantes del cuerpo diplomático cubano entre los asistentes. El activista aseguró que, cuando intentaba acercarse al teatro, fue interceptado a dos cuadras del recinto por un grupo de seis personas que portaban una lista y se identificaron como agentes de la policía secreta. El opositor denunció haber sido retenido de manera arbitraria, cuestionando cómo operan estos mecanismos de control y amedrentamiento en un Estado de derecho como España.
El rol de los artistas y el rechazo en el exilio
El dúo Buena Fe ha sido objeto de repetidas protestas por parte de la comunidad cubana en el exilio durante sus giras internacionales. Su abierta cercanía con las autoridades de la isla y su participación en actos organizados por el oficialismo los ha convertido en figuras controvertidas. Para muchos cubanos en el exterior, las presentaciones de estos músicos representan una extensión de la maquinaria de propaganda del régimen, lo que genera manifestaciones e interrupciones en sus conciertos por parte de quienes exigen democracia y el cese de la represión en Cuba.
Este tipo de incidentes subraya la profundidad de la fractura social y política que la dictadura cubana ha exportado más allá de sus fronteras. La intolerancia hacia la disidencia, manifestada incluso en territorios democráticos europeos, refleja el clima de hostigamiento sistemático que enfrenta la oposición. La reiteración de estos episodios plantea interrogantes sobre la responsabilidad de los espacios culturales internacionales al facilitar plataformas a figuras que legitiman un sistema acusado de graves violaciones a los derechos humanos.