El congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart sostuvo un encuentro con el encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, a quien agradeció su firmeza ante las constantes amenazas del régimen y su apoyo a los activistas prodemocráticos en la isla.
Durante el encuentro, el legislador destacó en sus redes sociales los esfuerzos del diplomático para visibilizar el trabajo de los \»valientes líderes prodemocráticos que lo arriesgan todo por la libertad de Cuba\». Díaz-Balart subrayó la permanencia de Hammer en su puesto a pesar de la hostilidad gubernamental, señalando que continúa en sus funciones \»a pesar de las constantes amenazas y el acoso del régimen contra él y contra Estados Unidos\».
Respaldo del Departamento de Estado
La gestión de Hammer en la capital cubana cuenta también con el respaldo explícito del Departamento de Estado. Un funcionario de esa institución indicó a la prensa independiente que el jefe de Misión representa con orgullo la política exterior de la actual administración estadounidense, exigiendo la rendición de cuentas al gobierno cubano por su influencia desestabilizadora en el continente americano.
Desde su llegada a La Habana a finales del año pasado, el diplomático ha mantenido una agenda activa fuera de los circuitos oficiales. A través de la etiqueta #ConCubanosDeAPie, la sede diplomática ha documentado sus recorridos por diversas provincias, donde ha conversado con opositores, familiares de presos políticos, líderes religiosos y miembros de la sociedad civil. Esta estrategia de acercamiento directo ha generado un profundo rechazo en las altas esferas del poder.
La reacción de la dictadura cubana no se ha hecho esperar. A finales de mayo, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitió una nota verbal de protesta acusando a Hammer de injerencia en asuntos internos y de presunta violación a la Convención de Viena. Estas acusaciones se enmarcan en el habitual patrón de criminalización de la diplomacia internacional que denuncia la falta de libertades, en un contexto donde el régimen de La Habana profundiza la represión social y el encarcelamiento arbitrario para silenciar el descontento ante la aguda crisis económica y el colapso de los servicios públicos.
El respaldo de figuras políticas de alto perfil como Díaz-Balart y la postura del ejecutivo estadounidense envían una señal clara sobre la prioridad de exigir libertades en la isla. Mientras la dictadura intensifica su retórica contra los actores diplomáticos, la presión de la comunidad internacional se perfila como un factor clave para la protección de los activistas y para el escrutinio continuo de las violaciones sistemáticas que ocurren dentro del territorio cubano.