El congresista Mario Díaz-Balart envió una carta formal al Departamento del Tesoro de Estados Unidos para exigir una investigación sobre los viajes y transacciones de los músicos Dany Ome y Kevincito el 13, quienes recientemente ofrecieron conciertos en Cuba. El legislador busca determinar si estas presentaciones violaron las sanciones estadounidenses y si sirvieron para canalizar divisas al régimen de La Habana.
En una misiva dirigida al secretario del Tesoro, Scott Bessent, el representante republicano aplaudió las políticas de endurecimiento contra la isla, incluyendo la permanencia de Cuba en la lista de patrocinadores estatales del terrorismo. Díaz-Balart subrayó la necesidad de que quienes eluden las normativas y aportan recursos económicos al gobierno cubano rindan cuentas ante la justicia. La solicitud se centra en verificar si los artistas, presuntamente residentes en Estados Unidos, operaron bajo licencias generales de \»actuaciones públicas\» pero incurrieron en transacciones de carácter comercial prohibidas o interactuaron con entidades militares restringidas.
Vínculos con la cúpula militar y familiar
El legislador calificó de \»particularmente alarmante\» un espectáculo realizado en el Complejo de Exposiciones PABEXPO en La Habana durante el verano. Según la documentación presentada, los intérpretes fueron fotografiados junto a miembros uniformados de la Seguridad del Estado, un hecho que evidencia la estrecha vigilancia y control de la dictadura cubana sobre estos eventos. Además, imágenes del recinto mostraron a Raúl Rodríguez Castro, nieto del exmandatario Raúl Castro, formando parte del público, lo que refuerza las sospechas de una relación comercial mutuamente beneficiosa entre los artistas, su representante Magdiel Díaz, y las autoridades de la isla.
Para el congresista, este tipo de presentaciones públicas socavan directamente el propósito del régimen de sanciones estadounidense al convertirse en una fuente de ingresos lucrativa y recurrente para la cúpula gobernante. La preocupación se extiende a otras presentaciones documentadas en redes sociales, como las ocurridas en Ciego de Ávila, lo que sugiere un patrón continuo de envío de divisas a través del espectáculo, eludiendo las restricciones impuestas a entidades prohibidas en la Lista Restringida del Departamento de Estado.
Al concluir su petición, Díaz-Balart enfatizó que presentarse ante un Estado que reprime a disidentes, encarcela opositores y amenaza la seguridad nacional estadounidense no constituye una expresión artística, sino complicidad. El futuro de estos artistas y de otros intérpretes que utilicen la música como puente comercial con el gobierno cubano dependerá ahora de la evaluación del Departamento del Tesoro, que podría imponer sanciones severas y sentar un precedente sobre el cumplimiento estricto de las medidas de presión internacional contra La Habana.