Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Díaz-Canel reescribe la historia desde Moscú: El revisionismo del régimen cubano y su alineamiento con Rusia

Díaz-Canel reescribe la historia desde Moscú: El revisionismo del régimen cubano y su alineamiento con Rusia

El gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, aprovechó su asistencia al desfile del «Día de la Victoria» en Moscú para pronunciar un discurso con severas omisiones históricas sobre la Segunda Guerra Mundial, ignorando el pacto entre Stalin y Hitler. El viaje, realizado junto a su aliado Nicolás Maduro, refleja el aislamiento diplomático de La Habana y su dependencia de regímenes autoritarios, en medio de una profunda crisis interna en la isla.

El régimen de La Habana ha vuelto a situar su política exterior en la órbita de Moscú. Por segundo año consecutivo, Díaz-Canel viajó a Rusia para participar en las conmemoraciones del 9 de mayo, una fecha que el gobierno ruso utiliza como instrumento de propaganda nacionalista y de proyección de poder. En esta ocasión, el mandatario cubano compartió escenario con el líder venezolano, Nicolás Maduro, quien selecciona cuidadosamente sus destinos internacionales debido a la orden de captura que pesa sobre él por la Corte Penal Internacional. La presencia de ambos líderes en Moscú subraya el refugio que representan para estos gobiernos los Estados alineados con Vladímir Putin, especialmente en el contexto de la invasión a Ucrania.

La comitiva oficial, que según la práctica habitual incluyó a la esposa del gobernante, Lis Cuesta, realizó un periplo que comenzó con actividades de turismo en San Petersburgo. El despliegue de esta delegación contrasta de manera evidente con la precariedad que viven los ciudadanos comunes en Cuba. Mientras el ejecutivo cubano exhibe sus lazos con potencias extranjeras y recorre ciudades europeas, la población de la isla enfrenta un desabastecimiento crónico de alimentos, medicamentos y combustible, agravado por apagones prolongados que afectan la ya mermada calidad de vida.

El revisionismo histórico como herramienta de propaganda

Durante una emisión especial del programa Mesa Redonda, transmitida en colaboración con el canal Russia Today, Díaz-Canel incursionó en el análisis histórico con afirmaciones que omiten hechos fundamentales. El gobernante calificó el origen de la Segunda Guerra Mundial como una «guerra imperialista, de rapiña para lograr un nuevo reparto del mundo de las potencias occidentales». Esta narrativa, que busca exculpar a la Unión Soviética de cualquier responsabilidad en el inicio del conflicto, ignora deliberadamente el tristemente célebre Pacto Molotov-Ribbentrop.

El pacto firmado en 1939 entre los ministros de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi y la Unión Soviética incluía cláusulas secretas mediante las cuales Adolf Hitler y Iósif Stalin se repartieron el continente europeo. Apenas una semana después de la firma, las tropas nazis invadieron Polonia, dando inicio formal a la guerra. El régimen comunista soviético no se quedó atrás: a los 15 días, el Ejército Rojo invadió Polonia por el este y posteriormente anexó los países bálticos, además de iniciar una guerra contra Finlandia y apropiarse de Besarabia. La omisión de estos hechos por parte del líder cubano constituye una manipulación de la historia para encajar en la retórica antioccidental del régimen.

La paradoja del «Día de la Victoria»

En su intervención, el mandatario cubano elogió la «Gran Victoria» de la antigua URSS, afirmando que no solo preservó al país, sino que «salvó a la Humanidad». Sin embargo, los registros históricos revelan que ni Stalin ni su sucesor, Nikita Jruschov, conmemoraron oficialmente el 9 de mayo durante las dos décadas posteriores al fin de la guerra. Fue únicamente en 1965, bajo el mandato de Leonid Brézhnev, cuando la fecha adquirió el estatus de Fiesta Nacional.

El retraso en la celebración obedece a que, para Stalin, la victoria resultó pírrica. El dictador soviético planeaba un ataque expansionista por toda Europa, pero la ofensiva de Hitler lo obligó a una guerra defensiva para la cual no estaba preparado. La supervivencia de la URSS dependió en gran medida del apoyo material de Estados Unidos a través del programa de Préstamo y Arriendo. Conquistar algunos estados de Europa Oriental no encajaba en las ambiciones iniciales de Stalin, por lo que el evento no fue motivo de celebración inmediata. Es esta misma nostalgia imperial la que hoy impulsa las conmemoraciones de Putin, con las que el gobierno cubano decide alinearse de forma acrítica.

Contexto: Diplomacia al servicio de la supervivencia

El viaje de Díaz-Canel y su retórica en Moscú no son meros ejercicios académicos, sino piezas de una estrategia diplomática desesperada. La dictadura cubana enfrenta uno de sus peores momentos en términos de legitimidad internacional y estabilidad interna. El éxodo migratorio masivo, que ha visto partir a cientos de miles de cubanos hacia Estados Unidos y otras naciones, ha diezmado a la fuerza laboral de la isla. A esto se suman la inflación galopante, la dualidad monetaria sin resolver y el colapso de la infraestructura productiva, que han dejado al régimen en una posición de extrema vulnerabilidad.

En este escenario, el acercamiento a Rusia y el respaldo a sus narrativas geopolíticas funcionan como un mecanismo para asegurar apoyo político y, eventualmente, flujos de ayuda económica o condonación de deudas que prolonguen la supervivencia del sistema. La historia demuestra que la dependencia de Cuba de un único padrino internacional —ya sea la antigua URSS o Venezuela— ha terminado en crisis profundas cuando estos colapsan. Al atar nuevamente su destino al Kremlin, las autoridades de la isla repiten un patrón que compromete el desarrollo soberano del país.

Sin embargo, esta dependencia tiene un costo elevado en términos de derechos humanos y libertades. El alineamiento incondicional con la invasión rusa en Ucrania y la adopción de discursos revisionistas alejan aún más a Cuba de sus potenciales socios democráticos y de los organismos financieros internacionales de los que tanto necesita para reactivar su economía. La represión interna, la censura sistemática y el encarcelamiento de opositores continúan siendo la respuesta del régimen ante el descontento social, mientras la cúpula gubernamental busca en el exterior una legitimidad que no encuentra dentro de sus propias fronteras.

Implicaciones a futuro

La apuesta de La Habana por el eje autoritario encabezado por Moscú proyecta un futuro de mayor aislamiento para la isla. Al priorizar la ideología y los vínculos con regímenes sancionados sobre las necesidades reales de la población, el ejecutivo cubano profundiza la crisis estructural que asfixia al país. La comunidad internacional observa con preocupación cómo el gobierno de la isla se convierte en un actor secundario en la propaganda de potencias extranjeras, sacrificando en el proceso cualquier atisbo de credibilidad diplomática.

En última instancia, el intento de Díaz-Canel por erigirse como historiador y defensor de la memoria soviética no logrará ocultar la realidad de un país en ruinas. Las consecuencias de esta política exterior alienante recaerán directamente sobre la ciudadanía, que continuará sufriendo las penurias de un modelo económico fracasado y la intransigencia de un sistema político que prefiere rendir pleitesía en el extranjero antes que garantizar la dignidad y el bienestar de los cubanos.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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