El opositor Félix Navarro Rodríguez, de 72 años, fue arrastrado esposado, golpeado y confinado en una celda de castigo por funcionarios del penal de Agüica en Matanzas, según denunció su hija, la también activista Sayli Navarro. El nuevo episodio de violencia estatal contra el líder del Partido por la Democracia \»Pedro Luis Boitel\» ocurrió tras una discusión durante una requisa y evidencia el endurecimiento de las condiciones carcelarias para los disidentes del 11J.
Los detalles del abuso fueron revelados por Sayli Navarro en una llamada telefónica al activista Iván Hernández Carrillo, tras ser trasladada desde la prisión de mujeres para visitar a su padre por primera vez en más de tres meses. El presunto agresor fue identificado como Yoslen Pedroso Sotolongo, jefe de Orden Interior del penal. Según el testimonio, el incidente se originó cuando el funcionario ordenó un nuevo registro corporal a Navarro Rodríguez —quien se encontraba desnudo— y una revisión de los alimentos entregados por su esposa. Tras una nueva discusión, el oficial sacó al opositor apenas vestido, lo esposó con fuerza por la espalda y lo arrastró por más de 100 metros hasta la zona conocida como \»El Vivac\», propinándole golpes y una patada en el pie derecho.
La denuncia detalla que el preso político permaneció cerca de dos horas en una celda de aislamiento. Al verlo, su hija constató que presentaba el rostro desgarrado en la mejilla derecha, la marca de una mano en el rostro —presuntamente por intentar callarlo por la fuerza— y lesiones en las muñecas debido a la presión extrema de las esposas. Además, tras el episodio de violencia, Navarro Rodríguez registró una tensión arterial elevada de 160/80, agravando el preocupante estado de salud que ya arrastraba. Sayli Navarro también reportó que durante su llamada de denuncia, una oficial de su propio penal interrumpió repetidamente la comunicación para intentar silenciar el relato de los hechos.
Historial de represión y crisis penitenciaria
El ataque a Navarro Rodríguez no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la política sistemática de la dictadura cubana de someter a sus críticos a condiciones de reclusión que vulneran los derechos humanos. Con un largo historial de persecución que incluye condenas en 1992 y durante la Primavera Negra de 2003 —cuando fue declarado preso de conciencia por Amnistía Internacional—, el opositor volvió a ser encarcelado junto a su hija en 2021 por su participación en las protestas del 11J. En un acto que confirma la arbitrariedad del régimen de La Habana, las autoridades de la isla revocaron su libertad condicional en abril de 2025, devolviéndolo a un sistema penitenciario colapsado y marcado por el hacinamiento, la falta de atención médica y el uso de la tortura psicológica y física como métodos de control.
El ensañamiento contra un opositor de 72 años reaviva las exigencias de la comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos hacia el ejecutivo cubano para que cese la represión carcelaria. La persistencia de estos abusos no solo profundiza el deterioro físico de los presos políticos, sino que envía un mensaje claro de terror a la sociedad civil dentro de la isla. Mientras la crisis estructural de Cuba empuja a miles a la migración, el castigo ejemplar a figuras como Félix Navarro demuestra que el aparato represivo estatal prioriza el control social y la aniquilación de la disidencia por encima de cualquier apertura o diálogo.