Las intensas lluvias asociadas a la tormenta tropical Imelda han provocado la muerte de al menos dos personas en el oriente de Cuba, según reconoció el primer ministro, Manuel Marrero Cruz. El fenómeno meteorológico ha dejado un balance provisional de miles de evacuados, comunidades incomunicadas y derrumbes en provincias como Santiago de Cuba y Guantánamo, evidenciando una vez más la vulnerabilidad de la infraestructura nacional.
Aunque el ejecutivo cubano omitió detalles sobre las víctimas a través de sus canales oficiales, el especialista de Salvamento y Rescate Aris Arias Batalla identificó a uno de los fallecidos. Se trata de Luis Mario Pérez Coiterio, de 60 años, quien perdió la vida cuando un deslizamiento de tierra provocó el colapso de su vivienda en el reparto Veguita de Galo, en Santiago de Cuba. El siniestro ocurrió mientras el hombre dormía, y su cuerpo fue hallado entre los escombros por vecinos y equipos de bomberos del Comando 4 de Vista Alegre. Su esposa, una mujer mayor con discapacidad auditiva, logró sobrevivir y fue trasladada a un sitio seguro.
Ante el empeoramiento de las condiciones meteorológicas, las autoridades de la isla ordenaron la suspensión de las clases en Santiago de Cuba y Guantánamo, así como la paralización de las actividades en la Universidad de Oriente. El balance preliminar de la contingencia refleja la magnitud del desastre: en Guantánamo se reportan unos 18.000 evacuados, mientras que los daños a la ya precaria red vial incluyen el arrastre del puente provisional en Jesús Lores. En Santiago de Cuba, el diario oficial Sierra Maestra confirmó 11 derrumbes parciales de viviendas y muros de contención, además del desbordamiento del río Sigua, que ha dejado a varias comunidades aisladas.
La vulnerabilidad estructural frente a los eventos climáticos
La tragedia en el oriente de la isla no es ajena al deterioro sistémico que sufre el país. El colapso de viviendas ubicadas en laderas de alto riesgo, como la del fallecido en Veguita de Galo, es una consecuencia directa de la falta de una política estatal efectiva de reubicación y mantenimiento de inmuebles tras décadas de abandono institucional. El régimen de La Habana enfrenta estos eventos meteorológicos con una infraestructura eléctrica y vial en estado terminal, lo que agrava las afectaciones a la ciudadanía, que debe lidiar no solo con la fuerza de la naturaleza, sino con la ineficacia gubernamental para mitigar los impactos.
El Instituto de Meteorología (INSMET) pronostica que el sistema continúe organizándose con alta probabilidad de convertirse en huracán en los próximos días, manteniendo la inestabilidad con fuertes chubascos y tormentas eléctricas, especialmente en zonas montañosas del oriente y centro de la isla. Mientras la dictadura cubana despliega sus equipos de emergencia en las zonas más vulnerables, la población se prepara para enfrentar nuevas precipitaciones en un escenario donde la escasez de recursos y la falta de prevención institucional amenazan con elevar aún más el costo humano de esta crisis climática.