Miércoles, 22 de julio de 2026
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El budismo zen encuentra refugio en Cuba frente al colapso material y el éxodo migratorio

En un país marcado por décadas de represión religiosa y una profunda crisis estructural, un reducido grupo de cubanos ha encontrado en el budismo zen un espacio para la resistencia espiritual. La práctica, liderada actualmente por la cineasta Claudia Expósito y su esposo Daiyán Noa, sobrevive hoy en un templo al sur de La Habana, aunque el acelerado éxodo migratorio ha diezmado a sus seguidores.

El budismo zen, una tradición milenaria que cobró auge en Occidente a mediados del siglo XX, llegó a la isla en 1996 de la mano del maestro francés Stephan Kosen Thibaut. Invitado por un grupo de poetas, Kosen comenzó a organizar retiros intensivos y ordenó a los primeros monjes y bodhisattvas cubanos, entre ellos Michel Tai Hei, considerado el primer maestro zen del país. A pesar de que la población cubana es mayoritariamente católica, evangélica o practicante de religiones sincréticas, la filosofía oriental logró echar raíces en una intelectualidad ávida de respuestas ante el desencanto social.

El contexto histórico no fue ajeno a esta búsqueda espiritual. Tras varias décadas de ateísmo de Estado impuesto por la dictadura cubana, la isla experimentó un renacimiento religioso en los noventa, coincidiendo con la crisis económica conocida como Período Especial. En este escenario de escasez y desesperanza, figuras del ámbito artístico y cultural, como Expósito y Noa, se acercaron a la meditación zazen buscando \»la sabiduría y la actitud de la mente y el espíritu\», según relata la propia cineasta, quien hoy está ordenada como bodhisattva.

La sangha frente a la crisis y la emigración

Actualmente, la comunidad o \»sangha\» se reúne en un templo ubicado en Lechuga, un caserío cercano al municipio de Managua, al sur de la capital. El espacio fue adquirido tras años de colectas internacionales, impulsadas principalmente por discípulos de la maestra Bárbara Kosen. Allí, entre diez y veinte personas acuden mensualmente para realizar trabajos comunitarios, coser sus vestimentas rituales y practicar la meditación, intentando mantener viva una tradición que exige disciplina y constancia.

Sin embargo, la práctica del zen en Cuba no escapa a la realidad nacional. Expósito admite que, aunque a partir de 1996 hubo varias decenas de practicantes, la sangha se ha visto severamente afectada por el éxodo migratorio. Muchos de los seguidores han abandonado la isla y continúan sus prácticas en sus países de acogida, reflejando la fuga de talentos y de capital humano que sufre la nación. La crisis económica, la inflación y la falta de libertades impulsadas por el régimen de La Habana han obligado a los ciudadanos a priorizar la supervivencia material sobre cualquier otra actividad.

El futuro de esta pequeña comunidad es incierto. Mientras el gobierno cubano continúa sin ofrecer soluciones a la profunda crisis sistémica que agobia a la población, la búsqueda de refugios espirituales como el budismo zen seguirá siendo una válvula de escape para quienes deciden quedarse. La diáspora de los practicantes es, en esencia, un reflejo más de la fractura social que atraviesa la isla, donde incluso la búsqueda de la iluminación se ve interrumpida por la urgencia de emigrar.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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