HOLGUÍN, Cuba. — La aguda crisis de combustibles que sufre la isla ha dejado vacíos los estantes de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en Holguín, empujando a la población al borde del desabastecimiento total. La imposibilidad de trasladar mercancías desde el puerto del Mariel evidencia el fracaso de las políticas económicas de la dictadura cubana y agrava la inseguridad alimentaria de los ciudadanos.
Las mipymes, surgidas a finales de 2021 como la principal tabla de salvación para acceder a productos de primera necesidad, hoy muestran un panorama desolador. Vecinos de la ciudad reportan que locales que antes ofrecían decenas de artículos ahora solo venden bolsas de nailon. El déficit de diésel ha frenado en seco la cadena de distribución de productos importados, que deben recorrer más de 700 kilómetros desde Artemisa hasta el oriente del país. Trabajadores de estos establecimientos confirman que han sido enviados a sus casas por falta de mercancía, mientras los almacenes permanecen vacíos ante la parálisis logística.
La raíz del problema se encuentra en la crisis energética que atraviesa el gobierno cubano, agravada recientemente por la interrupción de los envíos de petróleo desde Venezuela y México. Expertos internacionales advierten sobre un riesgo inminente de colapso energético en la isla. Ante esta realidad, las autoridades de la isla han impuesto límites obligatorios de consumo al sector no estatal, estrangulando aún más la actividad económica privada. Los administradores de mipymes denuncian que, aunque el puerto del Mariel está saturado de contenedores con alimentos, alquilar el transporte para traerlos cuesta cifras astronómicas, cercanas a los dos millones de pesos, un costo que inevitablemente se traslada al consumidor final.
Desconexión oficial y crisis estructural
El desabastecimiento en las mipymes se suma a una inflación galopante que hace inalcanzable la canasta básica. Con un salario medio mensual de 6.830 pesos, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), las familias enfrentan la perspectiva de que la libra de arroz supere los 1.000 pesos en los próximos días. Mientras el ejecutivo cubano anuncia medidas como la formación de asociaciones mixtas entre empresas estatales y el sector privado para \»redimensionar el aparato estatal\», la ciudadanía percibe una profunda desconexión entre la retórica oficial y la realidad cotidiana. Testimonios en Holguín reflejan la indignación de una población que escucha a sus dirigentes hablar de \»esfuerzos\» mientras luchan por inventar qué llevar a la mesa cada día.
La parálisis de las mipymes en el oriente cubano no es un fenómeno aislado, sino el síntoma de un modelo económico agotado y centralizado que castiga la iniciativa privada y fracasa en la distribución de recursos básicos. Si la escasez de combustibles persiste y el régimen de La Habana continúa priorizando el control burocrático sobre las soluciones prácticas, el colapso del comercio minorista será inminente. Esta coyuntura amenaza con profundizar el éxodo migratorio y empujar a más sectores de la sociedad a la pobreza extrema, ante la indolencia de una cúpula de poder que observa el deterioro social sin rendir cuentas democráticas.