La escalada de precios en el mercado informal somete a la población cubana a una lucha diaria por la supervivencia, evidenciando el fracaso rotundo de las políticas económicas del gobierno cubano. En Holguín, los ciudadanos denuncian un deterioro acelerado del poder adquisitivo, donde los salarios oficiales no alcanzan ni para una semana de alimentación básica, mientras el régimen de La Habana mantiene un esquema de control que ahoga la producción nacional y empobrece a la mayoría.
En las calles de Holguín, la crisis inflacionaria se palpa en cada producto y en cada transacción cotidiana. Humberto Medina Figueredo, residente del reparto Nuevo Llano, resume el sentimiento de impotencia que reina en la isla al cuestionar por qué los precios no bajan y señalar la inacción del ejecutivo cubano. La falta de mejoría no se limita a la carestía; se entrelaza con el colapso sistémico de los servicios públicos, incluyendo apagones prolongados, bancos cerrados y la escasez crónica de agua potable, problemas que se agravan de manera exponencial.
La inflación que agobia a los cubanos no es un fenómeno casual ni el resultado de factores externos, sino la consecuencia directa de la ineficiencia en la gestión económica de las autoridades de la isla. Entre las causas más significativas, incluso reconocidas a medias por la burocracia estatal, figuran una descentralización desordenada, la ausencia de mecanismos reales de control en la formación de precios, una centralización excesiva que desincentiva a los productores y la caída estrepitosa de la producción nacional. Esta combinación de errores estructurales ha derivado en un alto costo de vida que el ciudadano común debe asumir con ingresos paupérrimos.
«El pueblo está pagando por los errores de una minoría que sigue viviendo bien. Ninguno de los inventos del gobierno para bajar los precios ha dado resultado», señala con indignación Marcos Peñalver, otro holguinero afectado por la crisis. De acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), la inflación interanual en Cuba alcanzó el 18,57% en abril de 2025. Sin embargo, economistas independientes y ciudadanos coinciden en que la cifra real es sustancialmente mayor, dado que las estadísticas oficiales omiten la realidad del mercado informal, el único sector verdaderamente dinámico y abastecido en la actualidad.

Precio de la «comida para llevar» en Holguín (Foto: CubaNet)
El fracaso de las reformas y el vacío legal
La espiral inflacionaria tiene raíces profundas en políticas gubernamentales fallidas que han destrozado el ya frágil tejido económico nacional. La denominada Tarea Ordenamiento, implementada en enero de 2021 con la promesa de erradicar los precios abusivos, provocó un descalabro monetario del cual la isla no se ha recuperado. A esto se suma la promulgación de la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional en mayo de 2022, una normativa que ha quedado reducida a letra muerta frente a la realidad de los estantes vacíos y la desnutrición encubierta.
La desconexión entre la legislación y la realidad cotidiana ha generado un profundo escepticismo social. El cubano José Alfonso González, en comentarios recogidos en medios oficiales, expone la paradoja del sistema con una claridad aplastante: «Tenemos una ley de pesca y no hay nada en la pescadería, tenemos una ley de soberanía alimentaria y no hay alimentos, tenemos una ley para la vivienda y no hay viviendas, tenemos una ley para la bancarización y no hay…». La maquinaria del régimen de La Habana produce normativas que no logran traducirse en bienes tangibles para la población, evidenciando una desconexión total entre el poder y la calle.
El resultado de este colapso administrativo es una economía distorsionada donde los precios se disparan mientras la calidad de los productos se desploma. Elio Ortega Ramos, vecino del reparto Hilda Torres, lo describe con crudeza: «Si tú dijeras: aumenta el precio y aumenta la calidad, pero crecen los precios y empeora la calidad». Esta dinámica penaliza doblemente al consumidor, quien debe pagar cifras astronómicas por productos de ínfima calidad en un mercado sin regulaciones efectivas ni protección al consumidor.

Precio del azúcar blanca en el mercado Los Chinos, en Holguín (Foto: CubaNet)
El mercado informal: la única opción para sobrevivir
En Holguín, el mercado conocido como Los Chinos se ha convertido en el epicentro de la supervivencia alimentaria. A lo largo de casi un kilómetro, cientos de vendedores ofrecen productos cuyos precios fluctúan constantemente, generando incertidumbre y desesperación entre los compradores. Jorge Estrada Valdés relata cómo el arroz, alimento básico en la dieta cubana, experimentó un alza de 20 pesos en menos de un mes: a inicios de junio costaba 220 pesos la libra, en una semana subió a 230, y actualmente se vende a 240 pesos. «Siempre los precios son diferentes, pero no bajan, no, siempre pa’rriba», corrobora Ariel Vargas, otro habitante que transita por los puestos del mercado.
El impacto de esta crisis trasciende la incomodidad económica para convertirse en una amenaza directa a la salud pública, especialmente para los sectores más vulnerables. Francisco Ortega, enfermo de gota, depende de una dieta estricta que su salario mensual de 4.650 pesos le hace imposible de cumplir. «El médico dice: ‘Come saludable, come vegetales’. Pero los vegetales están entre los más caros. Los precios no me dejan hacer la dieta y a menudo tengo crisis por mi enfermedad», explica. La inaccesibilidad a una alimentación adecuada agrava las condiciones médicas de miles de cubanos que dependen de dietas prescritas que el sistema no garantiza.
Salarios de miseria frente a una canasta inalcanzable
El abismo entre los ingresos y el costo de vida es la manifestación más cruel de la crisis estructural que sufre el país. Según la ONEI, el salario promedio mensual en Cuba durante el año 2024 fue de 5.839 pesos cubanos (CUP), mientras que la pensión mínima por edad e invalidez total apenas alcanza los 1.578 CUP. Estas cifras resultan ridículas frente a la realidad del mercado informal, donde la canasta básica de alimentos para una sola persona fluctúa entre 15.000 y 20.000 CUP al mes. En términos prácticos, el salario promedio oficial no cubre ni una semana de alimentación básica, empujando a miles de cubanos a depender de remesas del extranjero o a abandonar el país.

Precio de la carne de res en el mercado Los Chinos, en Holguín (Foto: CubaNet)
La profundidad del declive económico se hace evidente al contrastar el presente con el pasado. Manuel Suárez, un holguinero que vivió su adolescencia antes de 1959, recuerda una época de abundancia y estabilidad monetaria que contrasta violentamente con el presente: «Se vendía de todo y para todos los bolsillos. Circulaban las dos monedas, la cubana y el dólar estadounidense, pero en cualquier tienda o en cualquier lugar tú podías pagar con ambas monedas. Incluso, a nivel de banco, el peso cubano valía más que el dólar en aquel entonces». La nostalgia no es solo por el pasado, sino por la pérdida de una soberanía económica que la dictadura cubana ha destruido durante más de seis décadas de experimentos fallidos.
Un país inviable: represión y éxodo como respuestas del sistema
La incapacidad del gobierno cubano para garantizar la subsistencia básica ha detonado una crisis social que se expresa en múltiples dimensiones. Ante la imposibilidad de prosperar, cientos de miles de cubanos han optado por el éxodo migratorio masivo, dejando tras de sí un país envejecido, sin fuerza laboral y con un sistema de salud y seguridad social al borde del colapso. La dictadura cubana, en lugar de implementar reformas estructurales que liberalicen la economía y permitan la libre empresa, responde con un endurecimiento del control político, la censura sistemática y la represión contra cualquier manifestación de descontento social. La criminalización de la pobreza y la persecución a opositores, periodistas independientes y ciudadanos comunes que se atreven a criticar son las herramientas utilizadas para mantener un status quo que beneficia únicamente a la élite militar y política en el poder.
Perspectivas futuras y responsabilidad del régimen
El panorama a corto y mediano plazo resulta desalentador para la ciudadanía. Sin una apertura económica real y un cambio drástico en las políticas de subsidios, control estatal y emisión monetaria, la inflación continuará devorando los menguados ingresos de los cubanos. La comunidad internacional observa con preocupación cómo el régimen de La Habana perpetúa un modelo fracasado que genera pobreza, desesperación y un flujo migratorio sin precedentes. Mientras el poder no rinda cuentas por el descalabro económico y se mantenga la represión sistemática contra la disidencia, el pueblo cubano seguirá pagando los platos rotos de una dirigencia que ha convertido a la otrora próspera isla en un escenario de miseria, incertidumbre y supervivencia extrema.


