El control ejercido por la cúpula militar cubana sobre la economía a través del conglomerado GAESA y la pervivencia de un aparato represivo adoctrinado configuran el mayor obstáculo para cualquier transición democrática en la isla, según advierte el coronel retirado del Ejército de Estados Unidos Juan \»Johnny\» López de la Cruz, quien en una extensa entrevista aborda los escenarios geopolíticos, las negociaciones en curso entre Washington y La Habana y los pasos necesarios para subordinar las fuerzas armadas al poder civil.
Tras décadas de control partidista absoluto, la estructura militar cubana no solo ha garantizado la represión interna sino que ha capturado los principales motores económicos del país mediante GAESA, el conglomerado empresarial gestionado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Este entramado, que canaliza ingresos turísticos, comerciales y de importación hacia la cúpula uniformada, representa uno de los nudos gordianos de cualquier cambio político: la posibilidad de que los militares boicoteen una transición para conservar sus privilegios financieros. López de la Cruz, veterano paracaidista de la Brigada de Asalto 2506 y voz autorizada del exilio histórico, sostiene que la transformación de un ejército ideológico en una institución constitucional subordinada al poder civil exige, inevitablemente, la depuración de las estructuras dictatoriales y el desmantelamiento del monopolio económico militar.
Tensiones geopolíticas y conversaciones discretas entre Washington y La Habana
El coronel aborda también el incremento reciente de las tensiones entre Estados Unidos y Cuba, en un contexto marcado por ejercicios militares en el Caribe, la Base Naval de Guantánamo y Puerto Rico, así como por las amenazas del régimen de La Habana de desplegar una \»guerra de todo el pueblo\» ante cualquier intervención externa. López de la Cruz descarta de plano que las Fuerzas Armadas cubanas tengan capacidad operativa para enfrentar al ejército estadounidense, pero subraya que la estrategia de Washington no se orienta hacia una solución militar, sino hacia un arreglo negociado que facilite un cambio de gobierno y una apertura democrática en la isla.
En ese sentido, el militar retirado destaca la relevancia de varias visitas de alto nivel que, a su juicio, forman parte de una conversación en curso entre ambos países. La primera de ellas, en mayo, correspondió al director de la CIA, John Ratcliffe, una visita inusual cuyos resultados —según López de la Cruz— se habrían materializado en la continuidad de los contactos bilaterales. Posteriormente, el general Francis Donovan, comandante de las fuerzas de Infantería de Marina del Comando Sur (Southcom), se reunió con el general de división cubano Legrá Sotolongo. La visita del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, a la Base Naval de Guantánamo refuerza, en su análisis, la idea de que la administración estadounidense busca un acuerdo integral que incluya transformaciones políticas y económicas, con la condición expresa de que la familia Castro y sus aliados no participen del nuevo escenario.
GAESA: el botín militar que debe retornar al erario nacional
Sobre el control económico de las FAR a través de GAESA, López de la Cruz es categórico: el conglomerado ha sido blanco de sanciones estadounidenses precisely por canalizar enormes beneficios hacia la cúpula militar y sus familiares, en detrimento del patrimonio nacional. En cualquier negociación de transición, sostiene, GAESA deberá ser transferida al Tesoro nacional y no a los militares, quienes hasta ahora han usufructuado sus ingresos de manera exclusiva. El coronel confía en que este punto forme parte central de las discusiones en curso, dado que sin un desmantelamiento real del poder económico militar no existe viabilidad para una democracia funcional en Cuba.
El panorama que dibuja esta conversación coincide con la realidad estructural que atraviesa la isla: un régimen que combina la represión sistemática con el saqueo institucionalizado de los recursos nacionales, mientras la población enfrenta inflación galopante, desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes. La suerte de cualquier transición dependerá, en última instancia, de la voluntad política para someter a las fuerzas armadas al control civil, recuperar los recursos económicos secuestrados por la cúpula uniformada y desarticular el aparato represivo que ha sostenido la dictadura durante más de seis décadas. La comunidad internacional y el exilio cubano tendrán un papel determinante en la exigencia de que ese proceso no se quede en un cambio cosmético, sino que implique una ruptura real con el modelo autoritario.