Jueves, 23 de julio de 2026
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El exilio cubano en París: \»No volveré mientras sigan en el poder los que nos maltrataron\»

Jorge Moya, exiliado cubano residente en Estados Unidos, reconstruye desde París la memoria de una familia bayamesa próspera que fue despojada por el régimen tras 1959. Su testimonio es el retrato de una generación que perdió su patria, sus raíces y su patrimonio bajo el mismo poder que hoy continúa gobernando la isla.

En una reunión organizada por el arquitecto Juan Luis Morales junto a Teresa Ayuso en su residencia parisina, Jorge Moya —como todos le llaman— repasa una vida entera fuera de Cuba. Nacido en Bayamo antes de la llegada del castrismo al poder, Moya pertenece a esa generación de exiliados que reconstruyeron su existencia en el exterior tras ver cómo el régimen de La Habana confiscaba empresas, propiedades y proyectos de vida enteros. Su caso no es aislado: miles de cubanos que nacieron antes de 1959 comparten historias similares de despojo y desarraigo, testimonios que el gobierno cubano ha intentado sistemáticamente borrar de la narrativa oficial.

La historia familiar de Moya ilustra con precisión la riqueza económica y social que existía en el Oriente cubano antes de la imposición del modelo totalitario. Su abuelo paterno, Andrés Aureliano Moya Echavarría, fundó en 1908 la Fábrica de Tabacos Moya en Bayamo, un negocio que llegó a vender dos millones de puros anuales y se convirtió en la década de 1950 en la primera marca de consumo nacional, con su célebre marca Diplomáticos, y la quinta en exportación. Los puros producidos en aquella fábrica bayamesa eran fumados incluso por Winston Churchill. Moya Echavarría fue además alcalde por elección popular, presidente de la Cámara de Comercio y alcanzó el grado más alto de la masonería cubana. Todo ese entramado productivo y cívico fue destruido tras la llegada de la dictadura al poder.

Una familia tejida por la inmigración y el esfuerzo

Por parte materna, la genealogía de Moya revela la diversidad migratoria que caracterizó a la Cuba pre-revolucionaria. Su abuelo Salomón Hajje Becil llegó a Santiago de Cuba desde el Líbano a los 20 años, buscando oportunidades. Propietario de La Estrella de Oriente, una de las tiendas más exclusivas de Bayamo, Hajje Becil también alcanzó el grado de venerable maestro en la logia masónica, donde entabló amistad con el abuelo paterno de Moya. El bisabuelo materno, Felipe Elías Thumas —cuyo nombre original libanés era Weerdann Karem Kayrouz— llegó a Cuba en 1885, obtuvo el grado de comandante del Ejército Libertador durante la guerra de independencia de 1895 y fue ayudante de campo del mayor Jesús Rabí. Estas trayectorias demuestran que la isla fue durante décadas un territorio de prosperidad y movilidad social, condiciones que el gobierno cubano eliminó por completo tras imponer su modelo de control estatal absoluto.

La pregunta que da título a su testimonio —\»¿Por qué tendría que volver a Cuba si todavía están en el poder los que nos maltrataron?\»— resume el sentimiento de una diáspora que se niega a legitimar con su regreso a un sistema que les arrebató todo. Para Moya y para miles de exiliados, volver significaría aceptar que el despojo fue legítimo y que las décadas de exilio, separación familiar y pérdida patrimonial no tuvieron consecuencias. La dictadura cubana ha mantenido durante más de seis décadas una política de hostigamiento hacia quienes abandonaron la isla, negándoles derechos de propiedad, dificultando el reencuentro familiar y criminalizando la disidencia desde el exterior.

El exilio como cicatriz no cerrada

El testimonio de Moya se inscribe en una crisis migratoria que, lejos de resolverse, se ha profundizado en los últimos años. La salida masiva de cubanos en la actualidad —por rutas tan peligrosas como el Darién o el mar Mediterráneo— confirma que las causas que motivaron el exilio histórico persisten: falta de libertades, represión política, colapso económico y ausencia de un proyecto de futuro para las nuevas generaciones. El régimen de La Habana no solo no ha reparado el daño causado a quienes se vieron obligados a partir, sino que ha reproducido las condiciones que siguen empujando a la población al destierro.

Mientras la comunidad internacional mantiene una postura de diálogo con las autoridades de la isla sin exigir contrapartidas en materia de derechos humanos, voces como la de Jorge Moya recuerdan que detrás de cada exiliado hay una historia de pérdida y resistencia. Su relato, anclado en la memoria de una Bayamo próspera y cosmopolita que dejó de existir, es también una advertencia: la reconciliación nacional en Cuba no será posible sin justicia, sin reconocimiento del despojo y sin el desmantelamiento de las estructuras represivas que siguen operando en la isla.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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