El reconocido productor musical presenta en Madrid \»La Cruz de Celia\», un espectáculo con elenco enteramente cubano para celebrar el centenario de la Guarachera. En el encuentro con la prensa, Gómez repasó su infancia en La Habana y el trauma del exilio tras la confiscación de instituciones educativas y la expulsión de religiosos por parte del régimen de La Habana en 1961.
El mítico productor musical Oscar Gómez, ganador de múltiples premios Grammy y responsable de hitos culturales en España e Hispanoamérica como el festival Clazz Continental y la serie infantil \»David el gnomo\», se encuentra de regreso en los escenarios. En el auditorio de la Sociedad de Artistas e Intérpretes de Madrid presentó su próximo proyecto: \»La Cruz de Celia\», un homenaje a Celia Cruz que se estrenará el 27 de enero en el teatro La Latina. Para esta producción, Gómez ha seleccionado un elenco enteramente cubano con el objetivo de rendir tributo a la Reina de la Salsa sin intentar replicar su inconfundible estilo, generando una notable expectación tanto en la capital española como en la gira nacional prevista.
Una infancia marcada por la expropiación y el exilio
Nacido en el barrio habanero de El Vedado en 1949, Gómez pertenece a una generación de cubanos que vio truncada su vida en la isla por el giro autoritario del proceso iniciado en 1959. Hijo de un destacado médico del Hospital Calixto García y de una madre santanderina, su familia formaba parte de esa clase media y profesional que, en un principio, miró con ilusión los cambios políticos. De hecho, su padre llegó a operar gratuitamente a un centenar de pacientes con labios leporinos en la Sierra Maestra durante los primeros meses del nuevo gobierno. Sin embargo, la radicalización del poder y la implantación de un sistema totalitario fracturaron definitivamente ese respaldo inicial.
La ruptura definitiva llegó a través del asalto a la educación y a la sociedad civil, una de las primeras medidas de control ideológico del régimen. Gómez estudió en el prestigioso Colegio de La Salle en El Vedado, una institución fundada en 1905 que ofrecía educación de calidad a estudiantes de diversas clases sociales. En mayo de 1961, la dictadura cubana ejecutó la expulsión de los 110 hermanos de la orden religiosa —84 de ellos cubanos— y confiscó las instalaciones del centro educativo. Este acto de represión y despojo institucional obligó a la familia de Gómez a abandonar la isla en agosto de ese mismo año, sumándose a la ola de exiliados que huían de la falta de libertades y las confiscaciones estatales.
El legado cultural frente a la censura del régimen
El caso del Colegio La Salle no fue un hecho aislado, sino el inicio de una política sistemática de nacionalización y control estatal que eliminó la educación privada y la autonomía institucional en Cuba. Esta destrucción de la trama social y educativa es el mismo contexto que provocó el exilio de figuras fundamentales de la cultura cubana, como la propia Celia Cruz, a quien ahora Gómez homenajea. La Guarachera de Cuba fue vetada y censurada por las autoridades de la isla durante décadas por su negativa a plegarse a los dictámenes del poder, un episodio que ilustra la constante persecución contra el arte que no se subordina al discurso oficial.
Desde su exilio en España, Oscar Gómez ha construido una carrera impecable que rescata y proyecta la riqueza musical cubana y latinoamericana hacia el mundo, libre de las ataduras impuestas por el gobierno cubano. Su nuevo espectáculo no solo representa un hito artístico para conmemorar el centenario de Celia Cruz, sino que también reivindica la memoria histórica de una Cuba plural y próspera que fue silenciada por la fuerza. Mientras la isla continúa sumida en una profunda crisis estructural, exilio migratorio y represión, iniciativas como \»La Cruz de Celia\» demuestran que la auténtica cultura cubana sobrevive y florece con mayor vitalidad allende sus fronteras.