Miércoles, 22 de julio de 2026
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Cultura

El régimen de La Habana consagra seis décadas de \»Biografía de un cimarrón\» como herramienta de propaganda cultural

El gobierno cubano inauguró en La Habana una jornada de homenajes por el 60 aniversario de \»Biografía de un cimarrón\», de Miguel Barnet, un texto que las autoridades de la isla han elevado a pilar de su narrativa identitaria. El encuentro, lejos de centrarse en el rigor literario, subrayó el papel de la obra en la llamada \»lucha contra la colonización cultural\», revelando cómo el poder ha instrumentalizado la literatura para moldear la historia nacional a su conveniencia.

Publicada originalmente en 1966, la novela-testimonio recoge las memorias de Esteban Montejo, un exesclavo y mambí de 106 años. El joven etnólogo Miguel Barnet estructuró las entrevistas para acentuar un enfoque político altamente funcional a los intereses del Estado en ese momento. El texto final destacó la antipatía del anciano hacia los norteamericanos y su supuesta identificación con la revolución de Fidel Castro, culminando con una declaración de voluntad combativa que encajaba a la perfección en el discurso oficial de la época y servía para legitimar el nuevo orden establecido.

A lo largo de los años, la cultura oficial ha sobrevalorado esta obra, presentándola como fundacional para el estudio de la esclavitud y las religiones afrocubanas. Esta promoción institucional se ha dado en detrimento de investigaciones de mayor rigor histórico y antropológico, como \»El Ingenio\» de Manuel Moreno Fraginals o \»El Monte\» de Lydia Cabrera, esta última marginada por el ejecutivo cubano debido a su desapego de la ortodoxia revolucionaria y a la censura sistemática contra voces independientes.

El precio de la lealtad en la intelectualidad cubana

La trayectoria de Barnet ilustra con claridad el mecanismo de cooptación y censura ejercido por la dictadura cubana sobre sus creadores. A las puertas del Decenio Gris, el autor enfrentó el rechazo de los comisarios culturales tras publicar \»Canción de Rachel\», considerada frívola y decadente por la ortodoxia del momento. Sin embargo, tras reiteradas muestras de incondicionalidad hacia el poder, fue rehabilitado y convertido en un intelectual orgánico del sistema. Este giro refleja la política de premiar la sumisión y castigar la disidencia, un patrón que ha asfixiado la verdadera diversidad cultural en la isla.

El homenaje actual a \»Biografía de un cimarrón\» no solo celebra un libro, sino que reafirma la estrategia del régimen de La Habana para mantener un monopolio sobre la memoria histórica. Mientras la isla se enfrenta a una profunda crisis estructural, un éxodo migratorio sin precedentes y el colapso de los servicios públicos, las instituciones culturales continúan priorizando la exaltación de textos domesticados que legitiman la continuidad del poder, en lugar de fomentar un debate crítico sobre el presente y el futuro de la nación.

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Escrito por

reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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