El primer ministro cubano, Manuel Marrero, propuso a la Unión Económica Euroasiática (UEEA) convertir a la isla en un centro de distribución para América Latina y el Caribe, en un nuevo intento del gobierno por atraer capital extranjero que palíe la profunda crisis económica que atraviesa el país.
Durante su intervención telemática en la Reunión del Consejo Intergubernamental Euroasiático, Marrero sugirió que el territorio nacional podría utilizarse para el procesamiento y producción de bienes con mayor valor agregado, utilizando materias primas provenientes de las naciones de la UEEA. Para avanzar en esta iniciativa, las autoridades de la isla anunciaron la creación de un comité bilateral en materia de logística entre la Cámara de Comercio de Cuba y el Consejo Empresarial de la UEEA, así como la celebración de la Cuarta Comisión Conjunta prevista para 2025.
Esta no es la primera vez que el ejecutivo cubano busca atraer inversiones del bloque euroasiático para oxigenar su maltrecha economía. En 2022, el régimen de La Habana ya había ofrecido un terreno de 50 hectáreas para instalar un parque industrial para empresas de Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia. Más recientemente, se presentó el proyecto \»Cayo Digital\», un ‘hub’ tecnológico impulsado junto a Rusia que aspira a albergar a 15.000 residentes y empresas de los países BRICS Plus. El diseño de este complejo incluye la construcción de laboratorios, residencias, centros comerciales e infraestructura para garantizar servicios básicos como agua, electricidad, gas y recolección de basura.
Contraste entre la promesa logística y el colapso interno
Sin embargo, estas propuestas contrastan de forma abrupta con la realidad que viven los ciudadanos en la isla. La promesa de garantizar servicios estables en nuevos complejos industriales y tecnológicos resulta inverosímil en un país donde el sector productivo está prácticamente paralizado. Los apagones eléctricos superan en diversas provincias las 20 horas diarias, el acceso al agua potable es intermitente para miles de familias, el sistema de salud se desmorona y la falta de combustible ha colapsado el transporte público y la cadena de suministro de alimentos.
Ante la incapacidad demostrada durante décadas para generar prosperidad y mantener la infraestructura básica de la nación, la dictadura cubana recurre a la promesa de ventajas geográficas y logísticas para seducir a inversores extranjeros. La materialización de megaproyectos como Cayo Digital dependerá exclusivamente de la voluntad de capitales foráneos dispuestos a operar en un entorno sin garantías institucionales, mientras la población continúa soportando el peso de una crisis sistémica, agudizada por la ineficiencia gubernamental y la falta de libertades que ahoga cualquier intento de desarrollo interno.