El Departamento de Estado de Estados Unidos ha denunciado este lunes los graves abusos, incluyendo tortura y violación sexual, sufridos por el preso político cubano Onaikel Infante Abreu en la prisión de Agüica, Matanzas. Las autoridades de la isla son señaladas directamente por el deterioro físico y psicológico del activista, encarcelado por participar en protestas pacíficas.
A través de su Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Washington calificó los reportes sobre el trato infligido a Infante Abreu como una \»barbaridad\» y responsabilizó a la dictadura cubana por los continuos abusos contra los presos de conciencia. La administración estadounidense reiteró su compromiso de seguir exigiendo rendición de cuentas por estos crímenes y de apoyar al pueblo cubano frente a la represión sistemática.
Las denuncias del ejecutivo estadounidense se suman a los persistentes alertas de organizaciones de derechos humanos y medios independientes. La esposa del recluso, Sujay Acosta, había informado previamente sobre los abusos sexuales sufridos por su esposo mientras se encontraba confinado en una celda de castigo. Organizaciones como Cuba Center y Cubalex han documentado el uso de tratos crueles y amenazas contra la familia del activista por visibilizar su caso.
Condena y precariedad sanitaria en el sistema penitenciario
Onaikel Infante Abreu fue arrestado el 27 de octubre de 2023 tras participar en una protesta pacífica desde la azotea de su vivienda, según registros de Prisoners Defenders. El régimen de La Habana lo condenó a ocho años de privación de libertad. Su ficha médica revela un cuadro alarmante de salud que incluye epilepsia, desnutrición severa y referencias a un posible cáncer de garganta, condiciones que se agravan ante la falta de atención médica adecuada en los centros carcelarios.
El caso de Infante Abreu no es un hecho aislado, sino una muestra del modus operandi de la dictadura para desarticular el disenso social mediante el encarcelamiento arbitrario y la violencia carcelaria. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también ha manifestado su profunda preocupación por la situación del prisionero, recordando que su encarcelamiento responde únicamente al ejercicio de sus derechos fundamentales. La presión internacional emerge como el único resguardo para estos activistas, mientras el futuro de la ciudadanía continúa condicionado por la imposición del miedo y el silenciamiento de la protesta.