El pianista y compositor Jorge Gómez Barranco, fundador del Grupo Moncada y estrecho colaborador del régimen de La Habana, falleció en la capital cubana a los 83 años. Su deceso marca el fin de la trayectoria de un artista que entrelazó su carrera musical con una profunda lealtad institucional a la cúpula gobernante.
El Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de la Música confirmaron el deceso, destacando lo que calificaron como su \»compromiso y entrega\» a la cultura nacional y al sistema político imperante. Gómez Barranco no solo fue un músico, sino un actor institucional de primer orden: ocupó una curul en la Asamblea Nacional del Poder Popular durante cuatro legislaturas, entre 2003 y 2023, y se desempeñaba como presidente de la Feria Internacional Cubadisco hasta su muerte.
Fundador del Grupo Moncada en 1972, su trayectoria artística estuvo marcada por un fuerte sesgo propagandístico. La agrupación, nacida en el seno del movimiento de aficionados de la Universidad de La Habana, se consolidó como una de las bandas con mayor afiliación al gobierno cubano. A lo largo de su carrera, el conjunto utilizó sus composiciones para realizar recurrentes apologías a la figura de Fidel Castro y a las políticas de la dictadura, lo que le valió múltiples distinciones oficiales, como la Orden \»Félix Varela\» de Primer Grado y la Réplica del Machete de \»Máximo Gómez\».
El arte al servicio del poder frente a la crisis cultural
La muerte de Gómez Barranco ocurre en un contexto de profundo deterioro del sector cultural en la isla. Mientras figuras como el fundador de Moncada fueron elevadas a posiciones de poder y privilegio por su alineamiento ideológico, la base de artistas independientes enfrenta hoy la censura, el desabastecimiento y la represión por parte de la dictadura cubana. El modelo de institucionalidad cultural, representado en vida por Gómez, ha sido ampliamente cuestionado por las nuevas generaciones, que sufren el éxodo migratorio y la falta de libertades para crear fuera de los cánones impuestos por el Estado.
Aunque en las últimas décadas el Grupo Moncada perdió resonancia entre el público joven, su legado permanece como un símbolo de la simbiosis entre la música y la maquinaria política. Su sepelio se llevará a cabo en la Necrópolis de Colón, cerrando un capítulo de la historia musical que ilustra cómo el ejecutivo cubano ha instrumentalizado la cultura para sostener su narrativa oficialista, en medio del creciente rechazo social y la crisis sistémica que atraviesa la nación.