El viceprimer ministro Ricardo Cabrisas Ruiz, considerado el principal gestor de la deuda externa y operador financiero del régimen de La Habana, falleció a los 88 años víctima de una enfermedad. Su muerte deja un vacío en la cúpula encargada de mantener a flote la caja externa del Estado cubano en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas.
La noticia fue confirmada a través de una nota necrológica publicada por el Partido Comunista de Cuba, donde se destacó su trayectoria al frente de diversos ministerios económicos y su rol como copresidente de comisiones intergubernamentales con países aliados. El gobernante Miguel Díaz-Canel calificó el deceso como una \»muy triste noticia\» y elogió a un hombre que, según la oficialidad, gozó de la \»confianza plena\» de Fidel y Raúl Castro. Más allá de las condecoraciones, Cabrisas fue durante años la bisagra fundamental entre las autoridades de la isla y sus acreedores internacionales.
Su labor más visible fue la negociación de la abultada deuda cubana. En 2015, lideró las conversaciones con el Club de París que lograron condonar 8.500 millones de dólares de los 11.100 millones en mora desde 1986, reestructurando los pagos hasta 2033. Sin embargo, los impagos recientes asociados a la pandemia y la ineficiencia sistémica obligaron al gobierno cubano a buscar nuevos entendimientos para evitar el colapso financiero, una tarea en la que Cabrisas operó como garante de última instancia.
El colapso económico y la dependencia de aliados
La desaparición de esta figura técnica coincide con una crisis social y económica sin precedentes en la isla, marcada por la escasez severa de alimentos, combustible, medicamentos y apagones prolongados. En mayo de 2024, en medio de esta emergencia, Díaz-Canel lo sustituyó como ministro de Comercio Exterior, aunque lo mantuvo en la viceprimería, ratificando su peso como operador político. Su trabajo reciente se centró en sostener los vínculos con Rusia y China, gestionando créditos e inversiones estratégicas, como la operación en la refinería de Boca de Jaruco, en un intento desesperado por reducir la dependencia de importaciones que el Estado no puede costear.
La partida de Cabrisas representa un golpe significativo para la maquinaria burocrática de la dictadura cubana, que pierde a su principal \»apagafuegos\» en el exterior. En un escenario de hiperinflación, éxodo migratorio masivo y aislamiento financiero, el ejecutivo cubano enfrenta ahora el reto de encontrar un reemplazo con la misma capacidad de maniobra para negociar salvavidas económicos ante aliados cada vez más reticentes y acreedores internacionales que observan con escepticismo la viabilidad del modelo económico de la isla.