Un siniestro de gran magnitud afectó durante la madrugada de este domingo la central Fuel de la termoeléctrica Antonio Maceo, conocida como Renté, en Santiago de Cuba. El evento profundiza la crítica situación energética que mantiene a la isla sumida en apagones prolongados, afectando a más de la mitad del territorio nacional y evidenciando el deterioro estructural de la infraestructura estatal.
La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó la extinción total del fuego y aseguró que no hubo víctimas mortales, aunque calificó el suceso como \»grande y doloroso\». Las causas exactas del incendio permanecen bajo investigación; sin embargo, testimonios de bomberos recogidos por medios locales apuntan a que el fuego se originó durante el proceso de arranque de la central, tras la falla de uno de sus motores. Este incidente se suma a una cadena de averías recurrentes en la instalación.
La planta de Renté ya presentaba fallos operativos severos en las horas previas. El propio sábado, las autoridades de la isla habían reportado su salida de servicio debido a un \»salidero en el horno\». El nuevo siniestro reduce aún más la ya mermada capacidad de generación del país, llevando al régimen de La Habana a admitir un déficit que provoca cortes de electricidad en aproximadamente el 51% del territorio nacional.
Un sistema obsoleto y una gestión fallida
El incendio de Renté no es un hecho aislado, sino el síntoma más reciente del colapso estructural del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). A inicios de septiembre, Cuba sufrió el quinto apagón total en lo que va de 2025, una crisis que se arrastra desde mediados del año anterior. La falta de mantenimientos programados adecuados, la escasez crónica de combustibles y lubricantes, así como la paralización de motores de generación distribuida, son el resultado directo de la mala gestión gubernamental y la falta de inversión en infraestructura crítica.
Las consecuencias para la ciudadanía son devastadoras. Mientras en las provincias orientales los cortes superan las 20 y hasta 30 horas diarias, en La Habana los apagones alcanzan las 10 horas. Esta situación agudiza la crisis económica y social, deteriorando la calidad de vida, afectando la conservación de alimentos y empujando a miles de cubanos a continuar el éxodo migratorio ante la inoperancia del gobierno cubano para garantizar servicios básicos y el bienestar de la población.