Un voraz incendio redujo a escombros cinco viviendas y el bar-cafetería El Refugio en la ciudad de Yaguajay, provincia de Sancti Spíritus. Las llamas, que consumieron una edificación con un siglo de antigüedad, fueron combatidas por jóvenes reclutas del Servicio Militar Activo, evidenciando una vez más la vulnerabilidad de la infraestructura civil y la escasez de recursos que aqueja a la población cubana.
El siniestro se originó en la intersección de las calles Panchito Gómez y General Peraza. Según reportes de la prensa local, la alarma fue recibida por el puesto de mando del Cuerpo de Bomberos de Yaguajay a las 10:20 p.m. del domingo, movilizando a la dotación del Comando 5 en un camión Zil-131. Al arribar al lugar, las fuerzas especializadas constataron que el fuego devoraba el techo de la instalación gastronómica, construida hace aproximadamente 100 años con paredes de mampostería pero estructuras de madera altamente deterioradas, extendiéndose rápidamente hacia las viviendas aledañas.
Aunque no se reportaron pérdidas humanas, las afectaciones materiales son de gran magnitud. Tres de las viviendas colindantes y el local comercial sufrieron daños totales en techos y estructuras. Vecinos de la zona colaboraron espontáneamente para proteger enseres y contener la propagación de las llamas, una dinámica cada vez más común en Cuba ante la insuficiente capacidad de respuesta institucional. Una de las familias damnificadas tuvo que ser trasladada a una unidad de alojamiento del territorio, mientras las autoridades de la isla han conformado comisiones para evaluar los perjuicios.
Reclutas militares y abandono institucional
Uno de los datos más reveladores del incidente es que los bomberos que enfrentaron el fuego tenían una edad promedio de 18 años y habían ingresado apenas un mes antes para cumplir el Servicio Militar Activo (SMA). Esta situación expone cómo el régimen de La Habana delega responsabilidades críticas de protección civil en jóvenes conscriptos, quienes operan con equipos obsoletos como el camión Zil-131, típico de la flota automotriz envejecida del Estado. El deterioro del parque de viviendas, la falta de mantenimiento estatal y la ausencia de medidas preventivas eficaces, consecuencia de la gestión arbitraria de la dictadura cubana, convierten tragedias evitables en catástrofes totales para la ciudadanía.
Mientras el Ministerio del Interior investiga las causas exactas del fuego, los habitantes de Yaguajay enfrentan la incertidumbre de la reconstrucción en un contexto de profunda crisis económica y desabastecimiento. El gobierno cubano, históricamente lento en la restitución de viviendas afectadas por siniestros, deja a las familias a merced de su propio ingenio o de la solidaridad comunitaria. Esta tragedia local es un reflejo más del colapso sistémico que sufren los servicios públicos y la infraestructura en la isla, donde la precariedad cotidiana se impone sobre cualquier garantía de seguridad ciudadana.