Dos trabajadores resultaron con lesiones leves tras un incendio en una locomotora destinada al transporte de combustible en la provincia de Sancti Spíritus. El siniestro, originado por el uso de un fogón improvisado para cocinar, refleja las precarias condiciones laborales y el abandono estructural que sufre el sector ferroviario bajo la gestión del régimen de La Habana.
El accidente ocurrió en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus Intermunicipal de Cabaiguán, específicamente en el chucho RECA de la Refinería Sergio Soto. Según reportes de la prensa oficial, la locomotora 51217 se encontraba estacionada a la espera de descargar diez ferrocisternas cuando se produjo la explosión de un fogón de aire utilizado por la tripulación para la cocción de alimentos. La deflagración obligó al desacople de emergencia, proceso durante el cual resultaron lesionados el auxiliar de maquinista Flor Leonardo Santiesteban y el maquinista Nelson Mejía Conde, quienes fueron trasladados a un centro asistencial para su evaluación médica.
Aunque la rápida actuación de los maquinistas logró salvar la máquina principal de daños mayores, la cabina de la locomotora sufrió afectaciones significativas y la tripulación perdió sus bienes personales. El hecho de que los ferroviarios deban recurrir a fogones improvisados a bordo de máquinas cargadas de combustible ilustra el nivel de precariedad que impera en las operaciones del sector, donde las mínimas condiciones de seguridad e higiene laboral brillan por su ausencia.
Una infraestructura al borde del colapso
El incidente en Cabaiguán no es un caso aislado, sino el síntoma de una crisis sistémica que afecta a toda la red ferroviaria nacional. El gobierno cubano ha reconocido recientemente una alarmante cadena de accidentes atribuidos al pésimo estado de las vías y el material rodante. Cifras aportadas por directivos de la Administración de Transporte Ferroviario confirman que el 67% de las vías férreas y el 40% de la infraestructura requieren mantenimiento inmediato. Para sostener este sistema, las autoridades de la isla necesitarían una inversión de 900 millones de pesos anuales, incluyendo 25 millones en moneda libremente convertible, un monto inalcanzable en el actual escenario de bancarrota económica.
A la fragilidad de las vías se suma la obsolescencia tecnológica y la escasez crónica de combustibles, lubricantes y piezas de repuesto. La Unión de Ferrocarriles de Cuba admite un déficit crítico de locomotoras; de las 60.000 a 80.000 traviesas de hormigón necesarias anualmente para el mantenimiento, el año pasado apenas se logró financiar el suministro de 15.000. Este deterioro sostenido no solo paraliza el transporte de carga y de pasajeros, profundizando la crisis de abastecimiento interno, sino que pone en riesgo constante la vida de los trabajadores y la población.
La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar el mantenimiento de un sector estratégico vital para la economía nacional proyecta un futuro sombrío. Mientras la falta de inversiones y la ineficiencia burocrática sigan marcando la pauta, los accidentes laborales y el colapso de los servicios básicos continuarán siendo el costo diario que pagará la ciudadanía por la incompetencia de un sistema que prioriza su supervivencia política sobre la seguridad y el bienestar de los cubanos.