El líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), José Daniel Ferrer, y su esposa, Nelva Ismarays Ortega, arribaron al exilio en Estados Unidos tras décadas de persecución política, encarcelamiento y torturas. Desde su nueva posición, Ferrer ha emitido un llamado a las instituciones militares y policiales de la isla para que se posicionen a favor de la ciudadanía en un eventual cambio de régimen, advirtiendo que la salida a la profunda crisis nacional dependerá de la unidad y la organización social.
Ferrer, uno de los 75 prisioneros de conciencia de la Primavera Negra de 2003, llega a territorio estadounidense tras sufrir el acoso sistemático de la dictadura cubana. Tanto él como su esposa, médica de profesión, padecieron detenciones arbitrarias, campañas de difamación, aislamiento y agresiones físicas por su labor en defensa de los derechos humanos. La salida al exilio de esta pareja marca el fin de una etapa de represión directa en Santiago de Cuba, aunque ambos mantienen la esperanza de regresar a una nación democrática.
El papel de las fuerzas del orden en la transición
En sus primeras declaraciones públicas tras recuperar la libertad, el opositor reflexionó sobre los escenarios posibles para el fin del régimen de La Habana. Ferrer apuntó a las fuerzas armadas y policiales como un factor decisivo, instándolas a no reprimir a la población cuando esta decida reclamar sus derechos. Argumentó que los uniformados también son víctimas del colapso económico y la falta de libertades, y citó como ejemplo a los militares rusos que en 1991 se negaron a reprimir a la población civil frente al intento de golpe de Estado, sugiriendo que ese debe ser el modelo a seguir por las filas cubanas.
El activista contextualizó sus afirmaciones en la severa crisis estructural que atraviesa la isla, marcada por la hiperinflación, los apagones prolongados, el desabastecimiento y el éxodo masivo. Recordó la brutal represión estatal durante las protestas del 11 de julio de 2021 (11J), cuando las autoridades de la isla desataron una ola de violencia que resultó en cientos de detenciones, torturas y muertes en prisión. Ferrer advirtió que, ante la inminencia de nuevas movilizaciones sociales, el gobierno cubano podría escalar su violencia institucional, por lo que subrayó la urgencia de que las manifestaciones cuenten con estructuras de coordinación y respaldo logístico para evitar que sean sofocadas en sus inicios.
Finalmente, el fundador de UNPACU hizo un llamado a la comunidad internacional —incluyendo a Estados Unidos y la Unión Europea— y a la diáspora cubana para mantener una vigilancia activa sobre la situación de los derechos humanos en el país. La transición hacia un sistema democrático, según Ferrer, debe aspirar a ser pacífica y evitar un derramamiento de sangre entre cubanos, una meta que solo será viable si la presión ciudadana y la solidaridad internacional logran desmantelar el aparato de control que sostiene a la actual cúpula en el poder.