La casa de subastas RR Auction pone a la venta varias preseas olímpicas de la delegación cubana, entre ellas la plata de la judoca Idalys Ortiz en Río 2016, evidenciando la profunda crisis económica que obliga a los deportistas de la isla a desprenderse de sus mayores logros deportivos para sobrevivir.
En la primera subasta semestral de 2026 de la reconocida casa estadounidense, figuran varias medallas que evidencian el deterioro de las condiciones de vida de los deportistas cubanos. Entre las piezas destaca la presea de plata obtenida por la judoca Idalys Ortiz en la categoría de más de 78 kilogramos durante los Juegos Olímpicos de Río 2016. Aunque la casa de licitaciones no menciona el nombre de la artemiseña, la descripción del lote —que incluye la categoría exacta y un estuche de madera con desgaste moderado— confirma su procedencia, con un valor estimado superior a los 20.000 dólares estadounidenses.
Otras preseas de la isla reaparecen en esta puja tras no lograr compradores en ediciones anteriores. Se trata de una medalla de plata en judo femenino de Tokio 2020, valorada en más de 30.000 dólares, y un bronce en canoa-kayak de los recientes Juegos de París 2024, que por sus características correspondería a la deportista Yarisleidis Cirilo. Asimismo, la subasta incluye la plata del boxeador Yankiel León en Pekín 2008, consolidando una tendencia donde los metales del boxeo, el béisbol y el voleibol cubano son cada vez más recurrentes en el mercado numismático internacional.
El costo del fracaso deportivo del régimen
El flujo constante de medallas olímpicas hacia el mercado de coleccionistas responde directamente a la asfixia económica que sufren los atletas en Cuba. A diferencia de los deportistas de otras naciones, cuyas carreras suelen estar respaldadas por patrocinios o inversiones privadas, en el caso cubano el entrenamiento y la preparación están financiados con el presupuesto público del ciudadano. Sin embargo, ante la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y la falta de oportunidades en la isla, el régimen de La Habana ha sido incapaz de garantizar un sustento digno a sus figuras más laureadas, obligándolos a vender su patrimonio deportivo a través de intermediarios.
La histórica ideologización del deporte en la isla ha generado un manto de silencio en torno a estas transacciones. Muchos atletas niegan la venta, argumentando robos o extravíos, mientras que otros solo reconocen el hecho tras desvincularse del sistema deportivo de la dictadura cubana. Esta realidad no solo representa una pérdida irreparable para el patrimonio histórico del país, sino que también expone la hipocresía de un modelo que exalta el triunfalismo deportivo en el exterior mientras abandona a sus protagonistas a la indigencia una vez concluida su utilidad competitiva.