El manifestante Denis Hernández Ramírez fue devuelto a prisión tras presentarse en una unidad del Ministerio del Interior en Guanajay, confirmando la política de hostigamiento y represión contra quienes participaron en las protestas de julio de 2021. Hernández Ramírez, excarcelado en enero de 2025 gracias a un acuerdo con el Vaticano, fue citado con apenas horas de antelación por las autoridades de la isla.
El joven, residente en San Antonio de los Baños, acudió a la Unidad Provincial de Operaciones Criminales del MININT, conocida como Técnico de Cuatro Caminos, tras recibir una citación manuscrita. El documento, entregado a su madre con solo 12 horas de antelación —incumpliendo el margen legal de tres días hábiles—, lo convocaba a una supuesta \»entrevista\» bajo amenaza de multa o búsqueda por desobediencia. Antes de presentarse, Hernández Ramírez había anticipado a medios independientes que sería detenido, pronóstico que finalmente se materializó.
Hernández Ramírez había sido condenado a seis años de privación de libertad por los presuntos delitos de desacato y desórdenes públicos. Aunque obtuvo la libertad en enero de 2025 mediante gestiones del Vaticano, su salida no significó el cese de la persecución política. Según denunció el periodista José Raúl Gallego Ramos, el manifestante ha sido objeto de constantes citaciones, amenazas y hostigamiento por parte de la Seguridad del Estado, evidenciando que las excarcelaciones otorgadas por el régimen de La Habana están sujetas a un control punitivo permanente.
Simulacro de diálogo y represión selectiva
Esta revocación ocurre en medio del anuncio del gobierno cubano de liberar a 51 personas en los próximos días, una medida que el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) intentó presentar como una \»práctica habitual\» y un gesto humanitario vinculado a las celebraciones de Semana Santa. Sin embargo, el retroceso en el caso de Hernández Ramírez expone la fragilidad de las negociaciones con la dictadura. Como señaló Gallego Ramos, las excarcelaciones dosificadas son frecuentemente revertidas, mientras el aparato estatal continúa fabricando nuevos presos políticos y manteniendo un clima de terror social.
La reincorporación de Hernández Ramírez al sistema penitenciario envía un mensaje claro de intimidación a la sociedad civil y a la comunidad internacional: las concesiones de la dictadura son tácticas temporales carentes de garantías jurídicas. Mientras el ejecutivo cubano instrumentaliza libertades condicionales para mejorar su imagen diplomática, la realidad en las calles confirma la persistencia de la violación sistemática de los derechos humanos y la falta de un verdadero proceso de apertura democrática en la isla.