El activista y comunicador independiente Adelth Bonne Gamboa denunció un nuevo episodio de hostigamiento por parte de la Seguridad del Estado, tras ser citado e interrogado en la unidad de policía de Diez de Octubre, en La Habana. Este suceso marca el tercer interrogatorio al que es sometido en menos de un mes, evidenciando la persistente política de amedrentamiento de la dictadura cubana contra las voces críticas dentro de la isla.
Según relató el propio Bonne a través de sus redes sociales, un agente de la Seguridad del Estado se presentó en su domicilio para entregarle una citación que lo obligaba a comparecer en la unidad policial conocida como Aguilera. Durante el encuentro, que se prolongó por aproximadamente una hora, los oficiales lo amenazaron de manera directa por sus publicaciones en redes sociales acerca de la situación reciente en Venezuela. Los represores llegaron a mencionar la posible aplicación del artículo 370 del Código Penal, una herramienta jurídica utilizada de forma recurrente por el régimen de La Habana para criminalizar la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo independiente.
Este nuevo acto de intimidación se suma a una escalada de presión que ha rodeado al comunicador en las últimas semanas. En diciembre pasado, Bonne renunció a su colaboración con el medio independiente Cubanet tras casi dos años de trabajo, cediendo ante el acoso del aparato represivo. Desde entonces, ha permanecido recluido en su hogar en una especie de prisión domiciliaria autoimpuesta, motivada por el temor a represalias mayores por parte de las autoridades de la isla. Durante la citación, el activista se negó a firmar cualquier documento y reiteró su postura de no renunciar a sus ideas.
Represión sistemática y exilio forzado
El caso de Adelth Bonne no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la crisis estructural de derechos humanos que atraviesa el país. La dictadura cubana ha consolidado un patrón de vigilancia, citaciones arbitrarias y amenazas como método de control social para sofocar cualquier atisbo de disenso. En este contexto de asfixia cívica, los agentes que interrogaron a Bonne le insistieron en abandonar el país, pero le exigieron hacerlo en silencio. Esta práctica habitual busca limpiar la imagen del gobierno cubano frente a la comunidad internacional y evitar que se visibilice el carácter forzado del exilio migratorio.
Ante esta situación, el activista rechazó la imposición del silencio y lanzó un llamado de auxilio para poder salir de Cuba, denunciando que el nerviosismo mostrado por los oficiales durante el interrogatorio refleja el temor del poder frente a quienes se resisten a callar. La persistencia de estas tácticas represivas augura un escenario cada vez más complejo para la sociedad civil, que continúa enfrentando la criminalización de la protesta y el desmantelamiento sistemático del espacio público, en espera de una condena más contundente por parte de la comunidad internacional ante estas graves violaciones.