Una educadora con 25 años de servicio, residente en el municipio habanero de Arroyo Naranjo, ha roto su silencio para pedir auxilio ante el inminente colapso de su techo y la profunda crisis alimentaria que sufre con una pensión que no le alcanza para subsistir.
Mercedes Capote Delgado, de 59 años, reside en el pasaje D, entre las calles Fernando y Estela. Su vivienda, reducida a un pequeño cuarto con cocina y baño, presenta un deterioro estructural tan avanzado que la exdocente pasa las noches en vela por miedo a que el techo caiga sobre ella y sus nietas. La falta de mantenimiento, agravada por las constantes filtraciones durante las lluvias, ha obligado a su hija a abandonar el hogar con sus niñas. Sin embargo, cuando regresan de visita, la familia debe dormir en el piso bajo la amenaza inminente de los escombros.
Tras dos décadas y media impartiendo clases en la escuela primaria Leonel Fraguela García, Capote Delgado sobrevive con una pensión de 3.000 pesos, una cantidad irrisoria frente a la inflación galopante que azota a la isla. La exeducadora ha confesado que en múltiples ocasiones se queda sin alimentos, recurriendo a la venta de su propia ropa para intentar llevar algo de comida a la mesa. \»A veces no tengo qué comer y cierro mi puerta, me siento en un sillón y aguanto\», relató, evidenciando la dura realidad que enfrentan miles de jubilados en el país.
El abandono institucional y el colapso estructural
El caso de Mercedes ilustra la crisis sistémica que atraviesa Cuba, donde el régimen de La Habana ha demostrado una incapacidad absoluta para garantizar la seguridad social y el acceso a una vivienda digna. La precariedad habitacional y la pérdida del poder adquisitivo de las pensiones son síntomas directos de una economía centralizada y fracasada, que obliga a la ciudadanía a depender de la solidaridad informal. En este contexto, la exmaestra ha recibido ocasionalmente víveres de padres de sus antiguos alumnos, aunque reconoce que ellos también sufren el alto costo de la vida impuesto por las políticas del ejecutivo cubano.
La desprotección estatal ha llevado a esta mujer a padecer severos cuadros de estrés y enfermedades nerviosas, sintiéndose completamente desamparada por el sistema al que dedicó su vida profesional. Mientras la dictadura cubana destina sus recursos al aparato represivo y a la burocracia, ciudadanos como Mercedes Capote enfrentan el abandono y la indigencia. Esta situación refleja una crisis humanitaria silenciada que continúa empujando a la población a la desesperación, profundizando el deterioro social y el éxodo masivo de los cubanos.