Un capitán del ejército cubano que formó parte del operativo en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro aseguró ante Miguel Díaz-Canel que defenderá a la isla \»con la misma gallardía\» empleada en territorio venezolano. El encuentro, organizado por el régimen de La Habana, busca exaltar la intervención militar extraterritorial en medio de una creciente tensión con Estados Unidos y el profundo colapso interno de la nación caribeña.
El testimonio fue emitido durante un acto donde el gobernante cubano se reunió con más de un centenar de jóvenes, entre civiles y uniformados presuntamente vinculados a las tropas desplegadas en Venezuela durante el operativo del 3 de enero. \»Con la misma convicción, con la misma gallardía, el mismo patriotismo con que hicimos nuestra tarea en Venezuela, lo vamos a hacer aquí y donde sea\», declaró el capitán Miguel Jurjo Lafargue, en un claro mensaje de disposición combativa promovido por las autoridades de la isla.
El gobierno cubano ha reconocido la participación de su personal militar en la operación venezolana, confirmando incluso la muerte de al menos 32 efectivos durante la acción liderada por Washington. Ante esta significativa pérdida de vidas, la dictadura cubana ha desplegado una intensa campaña de propaganda para intentar transformar una derrota operativa en un relato de heroísmo, utilizando a los sobrevivientes como herramienta de exaltación política frente a su base de poder.
Propaganda militar frente al colapso estructural
El esfuerzo por proyectar una imagen de fortaleza bélica contrasta dramáticamente con la realidad que atraviesa el país. La narrativa oficial de resistencia externa se teje en un momento donde el ejecutivo cubano enfrenta una crisis sistémica sin precedentes. La escasez crónica de combustible, los apagones prolongados y la inseguridad alimentaria han provocado un éxodo masivo de la población, mientras la represión interna se intensifica para acallar cualquier atisbo de disidencia. El despliegue de tropas en el exterior y la posterior exaltación de estas acciones ocurren en un escenario donde el Estado no logra garantizar los servicios básicos para sus ciudadanos.
Esta postura beligerante también responde a la escalada diplomática y militar en la región. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha endurecido su retórica hacia La Habana tras la ofensiva en Venezuela e Irán. Recientemente, el mandatario estadounidense señaló que \»Cuba es la siguiente\», advirtiendo que el régimen de La Habana se encuentra \»al borde del colapso\». Aunque posteriormente bromeó pidiendo a los medios ignorar su declaración, las palabras de Trump mantienen viva la incertidumbre sobre posibles medidas de presión o intervenciones futuras contra la isla.
La exaltación del accionar militar en el exterior por parte de la cúpula de poder augura un endurecimiento de la política represiva interna. Con una economía en ruinas, una hemorragia migratoria que vacía al país de su fuerza laboral y el fantasma de un conflicto internacional acechando, la dictadura parece apostar por la militarización del discurso para mantener el control. Las consecuencias para una ciudadanía ya castigada por la pobreza y la falta de libertades podrían traducirse en un endurecimiento del cerco informativo y un incremento de las medidas coercitivas que agraven aún más el aislamiento de la isla.